Cuando pasas semanas en el mar, hay ciertos hábitos que acaban pareciéndote totalmente normales. Esta es la pregunta que Sailing Atypic planteó a su comunidad en las redes sociales: «Sé sincero... ¿navegas desnudo?» Las respuestas, a menudo divertidas y a veces muy serias, dibujan un retrato bastante fiel de la vida a bordo.
En alta mar, el código de vestimenta se vuelve muy sencillo
Para muchos, la respuesta depende sobre todo de dónde se encuentre el barco. En alta mar, cuando no se ve ni una sola vela en el horizonte, muchos navegantes admiten que no dudan en quitarse la camiseta, los pantalones cortos y el bañador. Algunos explican que esto solo les ocurre durante las travesías, otros solo cuando están fondeados, en una cala tranquila.
Sin embargo, en cuanto aumenta el tráfico o hay vecinos cerca, se vuelven a poner la ropa rápidamente. Varios internautas cuentan que se cubren sistemáticamente cuando hay niños o barcos cerca.
Al fin y al cabo, la discreción parece ser una norma mucho más importante que la modestia.
Los cabrestantes nos recuerdan rápidamente que un barco no es una playa
Probablemente sea el tema que más se repite en los comentarios.
Muchos bromean sobre el riesgo de que «una parte esencial de su anatomía» se quede atrapada en un cabrestante, una escota o un cabo bajo tensión. Sin embargo, más allá de las bromas, el mensaje es muy serio. De hecho, varios navegantes cuentan que ya han vivido una mala experiencia o que conocen a alguien a quien le ha pasado. No hace falta decir que algunos prefieren llevar al menos unos pantalones cortos cuando empiezan las maniobras.
El sol se está muy bien... hasta cierto punto
Las largas jornadas en el mar hacen que uno sienta rápidamente ganas de disfrutar del sol. Sin embargo, muchos navegantes recuerdan que hay ciertas zonas del cuerpo que no suelen estar expuestas a los rayos UV. Y cuando se exponen a ellos durante varias horas, las secuelas pueden durar varios días.
Otros también mencionan las medusas, el frío que se siente en ciertas latitudes o, simplemente, el viento aparente, que hace que la experiencia resulte mucho menos agradable de lo esperado.
La navegación tropical no tiene, sin duda, nada que ver con una travesía del Canal de la Mancha en primavera.
Cada uno hace lo que quiere, pero no en cualquier sitio
Las respuestas también ponen de manifiesto un auténtico sentido de los buenos modales marítimos. Incluso los aficionados a navegar desnudos explican que adaptan su comportamiento a las circunstancias. En un fondeadero abarrotado, cerca de un puerto o cuando otro barco pasa muy cerca, muchos consideran que lo normal es volver a vestirse. La libertad forma parte del ADN de la navegación de recreo, pero también va acompañada de una forma de respeto mutuo entre las tripulaciones.
Desde que zarpó para dar la vuelta al mundo en 2019, la tripulación del Sailing Atypic comparte en las redes sociales los pequeños momentos que marcan el día a día de una tripulación en una gran travesía. Esta vez, una simple pregunta ha bastado para que cientos de navegantes dieran su opinión. Algunos han respondido con mucho humor, otros con franqueza y unos pocos con cautela. Casi todos cuentan lo mismo: en el mar, la sensación de libertad es incomparable.
Pero esa libertad suele acabar donde empiezan las maniobras, las quemaduras solares? o el vecino de amarre que llega en la lancha auxiliar en el momento menos oportuno. Quizá sea esta la mejor definición de la navegación sin ropa: un placer que muchos se permiten, siempre y cuando elijan el lugar adecuado, el momento adecuado y no pierdan de vista los cabrestantes.

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