Al principio, la idea de OhMyWind surgió de una frustración bastante habitual entre los navegantes aficionados a la meteorología: existe una gran cantidad de datos, a veces de libre acceso, pero reunirlos para responder a una pregunta tan concreta como «¿cuándo zarpar y cuánto tiempo tardaré? » se convierte rápidamente en un auténtico lío. OhMyWind surgió a raíz de este problema. Desde entonces, el proyecto ha tomado la forma de un planificador de navegación a vela de código abierto que combina datos meteorológicos, el estado del mar, las líneas polares y las corrientes para ayudar a preparar una travesía.
Un proyecto que surgió en torno a los datos meteorológicos a disposición de los navegantes de recreo
OhMyWind es, ante todo, un proyecto de software independiente. Su funcionamiento se basa en el análisis de datos ya existentes, más que en la elaboración de sus propias previsiones meteorológicas.
Los datos sobre el viento se obtienen a través de Open-Meteo. Dependiendo de la zona y del horizonte temporal, se incorporan varios modelos a la cadena de datos: Arome de Météo-France, Icon-EU del DWD, ECMWF IFS y GFS de la NOAA.
Esta arquitectura responde a una realidad de la meteorología marina. Ningún modelo ofrece a la vez una malla muy fina, una cobertura mundial y un horizonte temporal a largo plazo.
Arome, con una resolución anunciada de 1,3 km en su zona de cobertura, resulta especialmente interesante para el navegante costero a corto plazo. Icon-EU amplía el análisis hasta cinco días. El IFS del ECMWF y el GFS cobran mayor importancia a medida que se aleja el horizonte.
Sin embargo, el proyecto no se limita a la flecha de viento que aparece en un mapa. Su objetivo es convertir esos datos en información relacionada con el desplazamiento real de un velero.
Ahí es donde las cosas se complican. Dos barcos que zarpan del mismo puerto con el mismo viento no tardan el mismo tiempo en llegar a su destino.

Convertir una previsión meteorológica en un plan de navegación
Para pasar de la información meteorológica a la navegación, OhMyWind debe indicar la velocidad del barco.
El proyecto utiliza siete categorías de veleros: cruceros de 20, 25, 30, 40 y 50 pies, un racer-cruiser y un catamarán de 40 pies. A cada tipo de embarcación le corresponde una curva de velocidad.
Este gráfico indica la velocidad teórica del barco en función de la intensidad del viento real y de su ángulo. De este modo, el programa puede distinguir entre una ceñida, un travesía o una navegación a popa.
Pero un mapa de navegación no deja de ser una representación teórica. Un crucero cargado para tres semanas de vacaciones, con su bote auxiliar, los depósitos llenos y el casco que necesita un cepillado, no navega igual que el barco que ha servido de referencia.
OhMyWind introduce, por tanto, un coeficiente de rendimiento ajustable entre el 50 % y el 100 %, con un valor predeterminado del 75 %. De este modo, el navegante puede ir adaptando progresivamente el modelo al comportamiento que observa en su propia embarcación.
El proyecto también prevé el uso del motor. El usuario puede definir la velocidad a vela a partir de la cual se pone en marcha el motor, así como su velocidad de marcha. La estimación de la travesía tiene en cuenta este cambio cuando el viento es insuficiente.
La idea no es reproducir cada maniobra que se realiza a bordo. En concreto, no se calcula el consumo de combustible. El modelo pretende más bien evitar que una calma chicha estival convierta artificialmente una travesía de unas pocas horas en una travesía interminable.
OhMyWind no quiere decidir la ruta en lugar del marinero
Conviene aclarar en qué consiste el proyecto. A pesar de los cálculos de la duración del trayecto, OhMyWind no se presenta como un planificador de rutas encargado de buscar automáticamente la trayectoria óptima.
No calcula un sinfín de rutas virtuales para seleccionar aquella que, en teoría, permitiría llegar antes.
El navegante define su ruta. A continuación, OhMyWind analiza ese trayecto.
La ruta se divide en subsecciones, que suelen tener una longitud de unas 10 millas. El sistema recopila las condiciones previstas en esos tramos, determina el ángulo del viento con respecto al rumbo y consulta la polar del barco.
También se tiene en cuenta la navegación en zigzag. Cuando el destino se encuentra demasiado cerca de la trayectoria del viento como para alcanzarlo directamente, el programa busca un ángulo de avance eficaz a partir de la VMG y, a continuación, calcula el avance real obtenido en la dirección deseada.
Y esta distinción tiene una consecuencia importante: una ruta propuesta por el navegante de recreo puede seguir siendo una mala ruta. Un cálculo numérico no garantiza ni su seguridad ni su idoneidad náutica.

Las corrientes francesas aportan al proyecto una dimensión más local
OhMyWind opera a escala mundial, pero parte de su desarrollo se centra en las costas francesas del Canal de la Mancha y del Atlántico.
La razón se resume en una palabra: corriente.
Un modelo oceanográfico global puede ser suficiente para describir las grandes estructuras en alta mar. Sin embargo, resulta mucho menos adecuado a la hora de preparar el paso por el Raz de Sein, el Fromveur o cualquier estrecho en el que la corriente se concentre en un tramo reducido.
Así pues, en el proyecto se construyó una cascada de tres fuentes.
En el primer nivel se encuentran los atlas de corrientes de marea C2D del SHOM. Los nueve atlas recogen unos 13 000 puntos distribuidos, sobre todo, en el Canal de la Mancha, en Bretaña y en la costa atlántica.
Cuando estos datos no cubren el punto en cuestión, OhMyWind utiliza los atlas armónicos MARC PREVIMER. Su resolución llega hasta los 250 m en algunas zonas de Finistère y del sur de Bretaña.
Por último, el producto SMOC de Copernicus Marine Service, distribuido por Open-Meteo, ofrece una cobertura global con una resolución de unos 8 km.
Esta jerarquía permite, sobre todo, abordar un problema muy concreto. En algunos tramos, la corriente no es solo una pequeña corrección que se aplica al ETA, sino que determina toda la navegación.
Por lo tanto, OhMyWind proyecta la corriente en la dirección de desplazamiento de la embarcación. La velocidad a través del agua (STW) se convierte así en una velocidad respecto al fondo (SOG).
Para el navegante de recreo que se prepara para una travesía costera, esta parte del proyecto es sin duda más decisiva que indicar una hora prevista de llegada (ETA) con precisión de minutos. Elegir la fase de corriente equivocada puede suponer una pérdida de tiempo mucho mayor que las pocas décimas de nudo que se ganan gracias a un mejor ajuste de las velas.

Un proyecto de código abierto que además muestra sus cálculos
Otra característica destacada de OhMyWind es que su código se publica bajo la licencia AGPL-3.0-or-later.
Esta decisión va más allá del acceso gratuito al software. Los polares, los métodos de cálculo y el predictor armónico utilizado para MARC pueden consultarse en el repositorio del proyecto.
En el caso de un programa relacionado con la navegación, esta transparencia permite, entre otras cosas, saber qué hay detrás de la duración de una travesía o de una puntuación de dificultad.
La metodología ( https://ohmywind.fr/methodologie ) detalla, por ejemplo, cómo el estado del mar reduce la velocidad teórica del velero. El cálculo tiene en cuenta la altura significativa y la orientación de las olas. Un mar de frente dificulta más el avance que un mar de popa.
El proyecto también asigna a los tramos un nivel de complejidad comprendido entre 1 y 5. El viento máximo y la altura significativa de las olas constituyen la base de la clasificación.
Una situación de viento en contra de la corriente puede elevar este nivel, al igual que un oleaje corto con una curvatura pronunciada. Este es un mecanismo que resultará familiar a quienes suelen navegar en zonas de marea fuerte: 20 nudos de viento y 2 nudos de corriente no significan lo mismo cuando actúan a favor que cuando actúan en sentido contrario.
Pero esta nota no es un informe de seguridad. No tiene en cuenta ni la experiencia de la tripulación, ni su cansancio, ni la visibilidad, ni el tráfico, ni el estado real del barco.
Un laboratorio náutico y, al mismo tiempo, una herramienta de planificación
Por lo tanto, OhMyWind sigue siendo un proyecto en desarrollo cuyo interés va más allá de la simple cuestión de saber si la hora estimada de llegada que se muestra tendrá un margen de error de tan solo diez minutos.
Reúne en una misma cadena de datos aspectos que el navegante suele gestionar por separado: previsiones meteorológicas, oleaje, rendimiento del velero, navegación a barlovento, corrientes de marea y velocidad respecto al fondo.
La elección del código abierto añade otra dimensión. Las hipótesis no solo se utilizan, sino que pueden examinarse, debatirse y modificarse. Las aportaciones se centran, en particular, en las coordenadas polares y en la ampliación de los datos disponibles.
Para el navegante de recreo, el resultado ofrece, sobre todo, una forma de preparar y comparar una travesía. Después, solo queda hacer lo que los marineros llevan haciendo desde mucho antes de la llegada de los algoritmos: contrastar el plan con la información meteorológica oficial, los documentos náuticos, el barco y lo que realmente ocurre en el mar.
Porque OhMyWind puede calcular la ruta que se le indique. Pero aún no sabe si la tripulación tendrá ganas de navegar a contraviento durante ocho horas.

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