Ocean Pearl: una parte de la propiedad en juego en el buque de 41 metros de Norman Foster

El mercado de los grandes yates busca fórmulas más flexibles. Entre el uso real, los costes fijos y el mantenimiento, la plena propiedad no es para todos. En este contexto, reaparece un yate de 41 metros que lleva llamando la atención desde 2010. Siempre que se disponga de algo de dinero...

Para muchos propietarios potenciales, acceder a un superyate es menos una cuestión de deseo que de organización. Compra, tripulación, mantenimiento, explotación, periodos de navegación: cuando se trata de estas embarcaciones, el verdadero problema suele ser el uso racional del barco.

Aquí es precisamente donde Perla del Océano un yate de 41 metros botado en 2010, una parte del cual vuelve ahora al mercado con vistas a la temporada mediterránea de 2026.

Una fórmula diseñada para compartir el uso de la embarcación.

Floating Life ofrece actualmente una única acción en el programa de propiedad fraccionaria de Ocean Pearl. La estructura se basa en ocho copropietarios cada uno con unas 30 noches al año a bordo, con un calendario de navegación anunciado en el Mediterráneo y el Caribe.

El precio de entrada de las acciones disponibles se fija en 500.000 euros . Además, las tasas anuales de 300.000 euros para la explotación y gestión del yate. Según el comunicado de prensa, alrededor de un tercio de esta suma se destinará a un fondo CapEx para reparaciones periódicas, con el fin de mantener el yate técnicamente al día y preservar su valor a lo largo del tiempo.

Los periodos no utilizados también pueden ofrecerse en fletamento a través del departamento de fletamento de Floating Life, con la idea de compensar parte de los costes anuales.

Un 41 metros botado en 2010 y todavía reconocible al instante.

Construido por Rodriquez Cantieri Navali y entregado en 2010, Ocean Pearl fue diseñado por Foster + Partners, el estudio de arquitectura asociado a Norman Foster. Entre los rasgos distintivos del barco figuran una silueta tensa, grandes ventanales a toda altura y un énfasis en la luz natural que se acerca más a la arquitectura residencial contemporánea que a los códigos clásicos de los yates de este tamaño.

El yate puede alojar hasta 12 invitados en cinco camarotes, incluida una suite del armador con dos terrazas privadas.

Quince años después de su botadura, el comunicado de prensa insiste en que sus líneas, juzgadas futuristas en el momento de su presentación en 2010, siguen siendo únicas en el sector. Para un aficionado acostumbrado a los barcos de 30 a 50 metros, este es probablemente uno de los puntos más interesantes del dossier: más allá de la fórmula de propiedad, el Ocean Pearl sigue siendo un barco con una fuerte identidad.

Gestión centralizada desde el principio.

Floating Life no es simplemente un corredor que se ha unido al proyecto en una fase tardía. La empresa afirma que fue designada durante la fase de construcción como perito técnico del equipo de diseño, antes de asumir posteriormente la gestión completa del yate. Ahora supervisa los aspectos operativos, técnicos y de conserjería.

En una operación de copropiedad, este punto no es secundario: la coherencia de la gestión condiciona la disponibilidad del barco tanto como la calidad del seguimiento de las máquinas, los trabajos de reacondicionamiento o la organización de la rotación de propietarios. Filippo Rossi, CCO de Floating Life, resume esta lógica de la siguiente manera: " La copropiedad es un punto de entrada relevante y accesible al mundo de los yates de lujo ", señala. Por su parte, Manuel Maiano, agente de yates de Floating Life, añade: " Además de la inversión inicial, el programa incluye unos gastos de funcionamiento anuales de unos 300.000 euros ".

Esta fórmula está dirigida a los navegantes que desean navegar sin cargar con el peso de su propio equipo

El caso presentado de Ocean Pearl ilustra una tendencia que ya es visible en el segmento de los grandes yates: el creciente interés por soluciones en las que se compra tanto tiempo a bordo como un activo. En un yate de 41 metros, la diferencia entre la promesa de uso y la carga de explotación es considerable. La copropiedad estructurada es la respuesta, siempre que el marco sea claro, se cubran los costes y se siga el programa de mantenimiento.

En el caso del Ocean Pearl, el argumento principal no es sólo el acceso a un yate diseñado por Norman Foster, sino la oportunidad de embarcarse en un sistema que ya lleva varios años funcionando, en un barco botado en 2010 y que sigue utilizándose profesionalmente. Para un navegante o un inversor náutico, ahí radica el interés: menos en el prestigio exhibido que en el equilibrio entre uso real, control de costes y continuidad técnica de la embarcación.

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