Un choque contra un arrecife, un bulbo de quilla arrancado, una vía de agua imposible de controlar y, finalmente, un velero de 25 m que vuelca. Ya se conocen mejor los detalles del accidente del «Viva La Vida».
Un choque contra un arrecife durante la regata
El «Viva La Vida» participaba en la Hamilton Island Race Week cuando chocó contra un arrecife frente a las costas de Long Island, en las Whitsundays, el 21 de agosto de 2026. El Oyster 825 navegaba en ese momento con spinnaker. Tras el impacto, la tripulación lanzó una señal de socorro «Mayday» mientras el velero comenzaba a hacer agua.

Se coordinaron las operaciones de rescate y se envió una bomba adicional al velero. A pesar de contar con este medio adicional para achicar el agua, su caudal no fue suficiente. El yate se inclinó y luego volcó. Las diez personas que se encontraban a bordo fueron rescatadas sin que se registraran heridos.

La parte inferior de la quilla ha desaparecido, pero la parte superior sigue en su sitio

Las imágenes tomadas tras el vuelco muestran un detalle importante: la parte inferior de la quilla, que soporta el lastre, ya no está presente. La parte superior del apéndice, en cambio, parece seguir unida al casco.

La pérdida del bulbo ofrece una explicación lógica al deterioro de la estabilidad del velero tras el choque. Sin embargo, por sí sola no basta para explicar la magnitud de la entrada de agua.

Y ahí es donde el accidente cobra interés desde el punto de vista técnico. Las fotografías disponibles no permiten identificar ninguna abertura en el casco que pueda explicar el caudal observado.
Por lo tanto, habrá que esperar a que se lleve a cabo el rescate y se realice la peritación de la estructura antes de poder determinar con precisión las consecuencias del impacto.
El anterior Polina Star III vuelve, como es lógico, a estar en el punto de mira
Es difícil hablar de un Oyster 825 que haya volcado por un problema en la quilla sin pensar en el Polina Star III, que se hundió en 2015.

Pero, por el momento, las similitudes se limitan al modelo del barco y a la presencia de un avería grave en la quilla. Tras el reflotamiento del Polina Star III, los daños revelaron una destrucción mucho más extensa. La quilla, su unión con el casco y una parte importante de la estructura circundante habían desaparecido, dejando una abertura de unos 20 m².

La investigación llevada a cabo en aquel momento había llevado a Oyster a identificar una posible vulnerabilidad en el proceso de fabricación de la estructura interna de los primeros Oyster 825. Posteriormente, se revisaron y reforzaron varias unidades.
«Viva La Vida» figura como número 825, posición 7, y data de 2019. Por lo tanto, pertenece a una fase de producción posterior a las modificaciones introducidas tras el accidente de 2015. En este momento, no hay ningún elemento que permita establecer una causa técnica común entre ambos accidentes.
El rescate deberá aportar las respuestas
Tras su vuelco, el «Viva La Vida» fue asegurado para evitar que se desviara a la deriva. El velero, de unas 56 toneladas, también se estabilizó con sacos de flotabilidad. Está previsto remolcarlo hasta Mackay cuando las condiciones lo permitan.
Mientras el «Viva La Vida» siga boca abajo y parcialmente sumergido, las fotografías alimentarán las hipótesis sin permitir zanjarlas. La falta de la bombilla salta a la vista, pero no tiene por qué ser ella la que dé toda la explicación. El verdadero motivo probablemente se encuentre unos centímetros más arriba, en el interior de la estructura. Y para saber qué ocurrió realmente, habrá que sacar el Oyster del agua antes de sacar conclusiones.

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