Nueva reserva natural en Finisterre: ¿qué ventajas tiene para los navegantes?

605 hectáreas entre mar y tierra, ahora protegidas todo el año. La creación de la Reserva Natural Regional en los municipios de Kerlouan y Guissény ha cambiado la situación de navegantes, pescadores, kayakistas, remeros y demás usuarios del litoral. Esto es lo que hay que saber para seguir navegando tranquilamente por la bahía.

Una costa protegida, pero no grabada en piedra

Al este de la Côte des Légendes, entre Kerlouan y Plouguerneau, una vasta zona costera acaba de ser clasificada Reserva Natural Regional. Esta designación formaliza dos años de consultas y confiere un estatuto de protección reforzada a una superficie de 605 hectáreas, de las cuales más de dos tercios son territorio marítimo. El objetivo es claro: proteger a largo plazo las marismas, dunas y bahías de Guissény, teniendo en cuenta los usos existentes.

Un lugar vivo de marismas, dunas y orillas cambiantes

La plage du Vougot
Playa de Vougot

Este litoral, situado en la región de Pagan, cuenta con una rara diversidad de entornos naturales: cordones dunares, acantilados muertos, humedales, pólderes, marismas, praderas marinas, sin olvidar las antiguas salinas de los alrededores de Curnic. También es una zona dinámica, sometida a la acción del viento, los temporales de invierno, las marejadas cruzadas y las migraciones estacionales de especies sensibles. La orilla es ancha, los bancos de arena se mueven y las praderas marinas cambian con los años. Todos estos factores motivaron a los servicios regionales a iniciar una clasificación, en colaboración con el Conservatoire du Littoral y las partes interesadas locales.

Navegación: no se prohíbe, pero hay que respetar las normas

Para los usuarios del mar, este cambio de estatus no significa que se haya cerrado el lugar, sino que se ha adoptado un nuevo enfoque. La navegación seguirá siendo posible en la zona y no se cerrará ningún canal, pero se regularán determinadas prácticas. Los anclas tendrán que evitar los lechos de hierba marina o las zonas sensibles a la turbidez, sobre todo alrededor de los islotes de Golhedog o cerca de los cañaverales de la bahía de Tresseny. Se están trazando corredores de tráfico para mantener el acceso a las playas y zonas de varada, reduciendo al mismo tiempo el impacto en los hábitats bentónicos.

Pesca a pie y acceso a la orilla: se espera una mayor vigilancia

La pesca a pie, actividad emblemática de la región, sigue estando autorizada, pero puede ser objeto de restricciones ocasionales, sobre todo durante los periodos de nidificación o en el caso de determinadas especies frágiles. Se llevará a cabo un seguimiento científico para adaptar estas medidas a lo largo del tiempo, sin imponer una prohibición general. El marisqueo y el paso por las praderas salinas estarán sin duda mejor señalizados, para limitar el pisoteo en las zonas más sensibles.

Deportes blandos: paddle, kayak, cometa son siempre bienvenidos

Actividades como el remo, el kayak, el kitesurf y la natación siguen siendo plenamente posibles en la zona. Sin embargo, se puede considerar el cierre temporal de algunos tramos de costa si anidan especies protegidas o para preservar franjas de dunas que se están restaurando. La idea no es crear un santuario, sino un espacio vivo y compartido, donde tengan cabida las prácticas suaves respetando el medio ambiente.

Llamamiento a la responsabilidad de los navegantes

Por lo tanto, se aconseja a los navegantes que presten mucha atención a los paneles informativos y a los futuros mapas de zonificación, que se desplegarán en los próximos meses. La buena noticia es que ningún lugar está cerrado a la navegación. Pero con la creciente presión sobre los entornos costeros, la vigilancia es esencial. Conocer mejor las praderas marinas, anticipar las maniobras de fondeo, permanecer en los canales balizados: son sólo algunas de las cosas sencillas que se pueden hacer para conciliar el placer de navegar con el respeto de la biodiversidad local.

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