Licencia de navegación / Drones marítimos y embarcaciones de recreo: ¿qué normas RIPAM se aplican?

El DriX O-16 pasó Gibraltar de forma completamente autónoma y sin tripulación © Exail

Un dron de superficie capaz de cruzar de forma autónoma el Mediterráneo y el Atlántico durante varios días. La proeza lograda en septiembre de 2025 por el DriX O-16 plantea una cuestión práctica a los navegantes de recreo. Frente a estas nuevas embarcaciones no tripuladas, ¿qué reglas de prioridad se aplican realmente en el mar?

Los drones de superficie ya no son prototipos confinados a pruebas costeras. En septiembre de 2025, el dron marítimo DriX O-16 del grupo Exail recorrió casi 1100 millas entre La Ciotat y la península portuguesa de Troia para participar en los ejercicios navales REPMUS de la OTAN. Esta navegación de seis días fue en gran parte autónoma, incluido el paso por el Estrecho de Gibraltar, una de las rutas marítimas más transitadas del mundo.

Esta demostración tecnológica plantea una cuestión muy práctica a los navegantes. ¿Cómo deben comportarse ante un dron de superficie? Y, sobre todo, ¿qué reglas de prioridad se aplican entre un barco tripulado y una embarcación autónoma?

Un dron de superficie sigue siendo legalmente un barco

Primera regla importante. Un dron de superficie no se considera un objeto flotante o un robot independientemente de la normativa marítima. En la mayoría de los casos, estos aparatos entran en la categoría de buques en el sentido del RIPAM, el Reglamento Internacional para Prevenir los Abordajes en el Mar. Este texto, adoptado por la Organización Marítima Internacional, define las normas de prioridad y conducta de todos los buques. En otras palabras, incluso sin tripulación a bordo, un dron de superficie debe respetar las reglas de navegación como cualquier otro buque.

©Exail
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En el caso del DriX O-16, de unos 16 metros de eslora y unas 10,5 toneladas de desplazamiento, reúne todas las características de una pequeña embarcación de trabajo. Dispone de propulsión híbrida, gran autonomía y un conjunto de sensores para detectar el tráfico marítimo.

La supervisión sigue realizándose desde un centro de control remoto, situado aquí, en La Ciotat.

Las normas de prioridad siguen siendo las de RIPAM

Para un navegante, la presencia de un dron no cambia los principios fundamentales de la navegación. Las reglas de prioridad siguen siendo las definidas por el RIPAM.

Por ejemplo:

  • Una embarcación de vela tiene prioridad sobre una embarcación de propulsión mecánica.
  • Un buque que adelanta a otro debe apartarse.
  • Dos buques de propulsión mecánica que se crucen deben cambiar de rumbo a estribor para pasar de babor a babor.

En teoría, por tanto, un dron de superficie debería aplicar estas mismas reglas gracias a sus sensores y algoritmos de navegación.

Los sistemas de a bordo suelen utilizar una combinación de radar, LIDAR, cámaras ópticas y AIS para identificar los buques circundantes y calcular una trayectoria evasiva.

Drones capaces de evitar el tráfico marítimo

©Exail
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Durante su travesía entre Francia y Portugal, el DriX O-16 demostró precisamente esta capacidad. El dron voló de forma autónoma durante seis días, detectando y evitando el tráfico marítimo. El paso por el Estrecho de Gibraltar fue una prueba especialmente exigente. Cientos de buques mercantes atraviesan esta zona cada día.

El dron está equipado con un sonar frontal para la detección de obstáculos, un sistema LIDAR y otros sensores que alimentan su sistema de navegación autónoma. Estos datos permiten al dron seguir reglas de prioridad al tiempo que adapta su trayectoria.

Un problema para los navegantes: identificar el dron

En la práctica, la principal dificultad para los navegantes es identificar estas embarcaciones especiales, algunas de las cuales parecen pequeñas lanchas rápidas. Otras adoptan formas muy diferentes, con un casco central y una góndola submarina para estabilizar el conjunto y transportar los sensores.

El DriX O-16, por ejemplo, tiene casi 15,75 m de eslora y puede transportar hasta 2,5 toneladas de equipos hidrográficos. En concreto, puede llevar sonares multihaz, sonares remolcados y sensores acústicos de posicionamiento. Para un navegante, lo más importante es observar su comportamiento. Un dron autónomo puede cambiar su trayectoria con mucha regularidad o seguir un rumbo muy estable.

La precaución sigue siendo la mejor regla

©Exail
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Aunque los drones de superficie apliquen las normas RIPAM, la precaución sigue siendo esencial. Un dron puede estar realizando una misión científica, hidrográfica o de vigilancia. En algunos casos, puede remolcar un sonar o un sensor submarino varias decenas de metros. Por tanto, acercarse demasiado a este tipo de embarcación puede suponer un riesgo. A la hora de navegar, la regla sigue siendo sencilla. Si identificas un dron de superficie, lo mejor es mantener una distancia de seguridad y evitar cortar su trayectoria.

Los drones marítimos evolucionan rápidamente. El primer modelo DriX de 8 metros, lanzado en 2017, se utiliza ahora en 19 países para cartografiar los fondos marinos, vigilancia marítima y misiones de investigación científica. En total, la flota de drones ya ha registrado más de 100.000 horas de funcionamiento y recorrido casi un millón de millas náuticas.

Con el modelo O-16, capaz de recorrer más de 2.500 millas náuticas a 8 nudos, estos sistemas entran ahora en una nueva categoría de embarcaciones autónomas capaces de realizar largas travesías. Para los navegantes, esto significa que a partir de ahora tendrán que contar con estos nuevos actores de la navegación. Y aprender a compartir el mar con barcos... sin tripulación visible.

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