El símbolo es muy significativo. Durante más de medio siglo, la Solitaire se ha forjado en torno a una clase monotipo en la que el regatista marcaba la diferencia mucho más que el material. Generaciones de patrones aprendieron allí su oficio antes de participar en las pruebas oceánicas más importantes. Esta escuela de excelencia ha forjado gran parte de la regata oceánica francesa.
Sin embargo, sería simplista interpretar este anuncio como el fin del Figaro. La flota del Figaro Beneteau 3 no va a desaparecer. Más bien al contrario. Impulsado por la Clase Figaro Beneteau y la Federación Francesa de Vela, un campeonato en solitario seguirá desarrollándose. Los barcos, las tripulaciones y el sistema de formación siguen en pie. Lo que cambia es el organizador de la gran regata en solitario y el soporte que ha elegido para llevar a cabo su evento.
Y también hay que reconocer una realidad. Hoy en día, el Ocean Fifty es sin duda la mejor plataforma de regatas oceánicas para ofrecer visibilidad a los patrocinadores. Estos trimaranes combinan velocidad, imágenes espectaculares y cercanía con el público gracias a unas escalas accesibles, además de unos costes de explotación que no tienen nada que ver con los de los Ultim o los Imoca. Para un organizador que busca reforzar el atractivo mediático de su regata, la elección tiene su lógica.
Es precisamente ahí donde surge el debate. Casi nadie pone en duda las cualidades de los Ocean Fifty. El circuito está bien organizado y los barcos son fiables, aunque un poco caprichosos. La cuestión se centra más en la identidad de la Solitaire que en el rendimiento de los barcos.
Y es que esta decisión enfrenta dos visiones. Una considera que una regata debe evolucionar para seguir siendo visible y atraer a patrocinadores, administraciones públicas y cadenas de televisión. La otra recuerda que algunas pruebas sacan su fuerza de su historia y de su singularidad. Durante 55 años, la Solitaire du Figaro ha sido indisociable de su monotipo. A partir de 2028, ese vínculo se romperá.
En el fondo, esta polémica no trata tanto de la desaparición de un barco como de la evolución de las regatas de alta mar francesas. Hoy en día, cada clase busca su equilibrio económico, su lugar en el calendario y su presencia en los medios de comunicación. En este contexto, OC Sport ha decidido escribir una nueva página con los Ocean Fifty. Por su parte, la Clase Figaro Beneteau y la Federación Francesa de Vela han optado por continuar la historia del monotipo. Y quizá salgan reforzadas de ello.
Esta decisión no es ni absurda ni ilegítima. Se ajusta a la realidad actual de las regatas oceánicas. Pero supone una ruptura con medio siglo de historia. La Solitaire du Figaro ya no será la regata que revele a los futuros grandes nombres de la disciplina en condiciones de igualdad absoluta. Se convierte en la gran regata en solitario de un circuito ya consolidado.
Por su parte, la categoría Figaro seguirá existiendo gracias a la Clase Figaro Beneteau y a la Federación Francesa de Vela. Los jóvenes regatistas seguirán contando con un campeonato en el que aprender su oficio. Pero la separación ya es un hecho. Por un lado, una rama de formación. Por otro, una regata que cambia de embarcación, de público y, sobre todo, de vocación.
Sin duda, la historia recordará que 2028 no es solo el año en que la Solitaire cambió de barco. Es el año en que cambió de identidad.

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