El patrón francés Guillaume Wehrlen no olvidará fácilmente esta etapa de la Mini Transat. En cuestión de unas horas, tuvo que hacer frente a dos incidentes graves: primero, la pérdida del mástil y, después, un ataque de orcas mientras intentaba llegar a un puerto de refugio. Una combinación poco habitual...
Una caída del mástil que pone fin a la regata
La primera dificultad se produjo durante la noche del jueves 23 al viernes 24 de julio, cuando Guillaume Wehrlen sufrió la caída del mástil a bordo de su Pogo 1, el 920. El navegante instaló un aparejo improvisado para mantener una capacidad mínima de maniobra y poder llegar a un refugio.
Cuando se acercaba a La Coruña, a unas diez millas de su llegada, Guillaume Wehrlen se topó con varias orcas.
Según su testimonio, los cetáceos no mostraron el comportamiento que se suele observar en esta región. Desde hace varios años, las interacciones registradas se refieren principalmente a los delfines listados. En esta ocasión, los animales golpearon directamente el costado del casco.
El patrón dio la voz de alarma de inmediato. Dos lanchas de rescate acudieron rápidamente al lugar. A la primera se le encomendó ahuyentar a las orcas, mientras que la segunda remolcó el Mini hasta el puerto para garantizar la seguridad del navegante.
Una zona que los navegantes ya conocen bien
Desde 2020, se han multiplicado los encuentros entre orcas ibéricas y veleros en aguas de Portugal, Galicia y el estrecho de Gibraltar. Las autoridades marítimas españolas y portuguesas publican periódicamente recomendaciones dirigidas a los navegantes de recreo y a los regatistas de alta mar.
Se insta a los navegantes a que informen inmediatamente de cualquier avistamiento, sigan las instrucciones de los CROSS y de las autoridades locales, y se dirijan a un puerto siempre que sea posible.
Por sí sola, la pérdida del mástil ya supone una avería grave durante una regata. Si a ello se le suma un encuentro con orcas, la situación se vuelve especialmente difícil de gestionar.

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