Catamarán de expedición: García da un salto de escala con un proyecto de 72 pies

Garcia Yachts está preparando una gama de catamaranes de expedición de aluminio de entre 62 y 82 pies. El primer proyecto presentado mide 22,90 m. Más allá de sus dimensiones, lo que más destaca es la organización a bordo. El barco está concebido para servir de base a actividades que se desarrollan lejos de las infraestructuras.

Un catamarán de expedición organizado en función de lo que ocurre en tierra

Con 22,90 m de eslora total y 10 m de manga, el nuevo proyecto de Garcia Yachts cambia notablemente de escala con respecto al Explocat 52. Pero las dimensiones no son lo más interesante. Presentado en el Festival Náutico de Cannes de 2026, este 72 pies sirve sobre todo para dar a conocer un concepto que el astillero tiene previsto desarrollar en versiones de 62 y 82 pies: un catamarán de expedición diseñado tanto en función de lo que su tripulación hará una vez en destino como de la propia navegación.

Este principio lleva a considerar el velero como una base logística. Los kayaks, el material de buceo, el equipo de esquí o de parapente deben encontrar su lugar a bordo en espacios adaptados al programa del propietario. En un barco destinado a escalas en lugares aislados, esta capacidad de carga no es un aspecto secundario. Influye en la circulación a bordo, el almacenamiento, la manipulación y, en última instancia, el peso total.

Por lo tanto, García prevé un diseño semipersonalizado para la versión de propietario. El plano interior permitirá, entre otras cosas, ubicar la cocina en la cabina o en un casco. El objetivo anunciado es adaptar la distribución a la composición de la tripulación y al programa del barco, en lugar de imponer una distribución única.

El astillero también está barajando una variante destinada a chárter de expedición, con un mayor número de camarotes, y una configuración científica capaz de albergar material de muestreo, análisis o despliegue de equipos en el mar.

Dos maletas laterales para no ocupar espacio en la plataforma trasera

La gestión de los anexos ilustra especialmente esta lógica. En el modelo de 72 pies presentado, García prevé dos, con funciones diferentes.

En la parte trasera del casco de babor se encuentra una pequeña embarcación auxiliar semirrígida, sobre una rampa de botadura integrada. Debe poder desplegarse rápidamente para desplazamientos cortos: reconocimiento de un fondeadero, lanzamiento de un cabo a tierra o traslados de corta distancia.

Esta opción resulta especialmente adecuada para los fondeaderos de altas latitudes. En determinadas situaciones, el amarre no se limita a echar el ancla. Lanzar un cabo hacia la costa puede permitir estabilizar la embarcación en un espacio reducido o mejorar su estabilidad cuando el fondeadero exige precauciones adicionales. En estos casos, disponer de una pequeña embarcación que no requiera una manipulación complicada cobra todo su sentido.

La segunda embarcación auxiliar es más grande. Debe instalarse en el flybridge y bajarse con ayuda de una grúa. Se convierte en un medio de desplazamiento autónomo que permite desplazarse por los alrededores del barco principal con más personas o material.

Esta disposición libera, sobre todo, la parte trasera del catamarán. En lugar de dedicar gran parte de la cubierta a una embarcación auxiliar suspendida de los pescantes o instalada en una plataforma, el proyecto reserva ese espacio para actividades y operaciones de carga y descarga.

Una auténtica sala de mando interior para los turnos de guardia

La otra decisión fundamental se refiere al manejo del barco. El García 72 cuenta con una cabina de mando interior situada en la parte delantera de la cubierta y ligeramente elevada. El astillero la denomina «Belvedere Pilot House».

Detrás de esta denominación se esconde una elección bastante concreta para un velero destinado a la navegación en climas fríos: poder llevar el timón, vigilar el rumbo y hacer guardia desde un espacio cerrado. El techo invertido debe garantizar la visibilidad hacia el exterior, mientras que la cabina de mando reúne el puesto de navegación y el espacio habitable.

Este enfoque es una evolución de una arquitectura ya utilizada en los monocascos «Exploration» de García, en los que la protección de la tripulación forma parte de las especificaciones técnicas. Adquiere otra dimensión en un catamarán de 10 m de manga, cuya cabina permite dedicar más superficie a esta función.

Se ha previsto un segundo puesto de mando en el flybridge, al que se puede acceder directamente desde la cabina de mando. Está destinado a las maniobras y a la navegación al aire libre cuando las condiciones lo permitan. Esta doble configuración evita tener que elegir entre un puesto al aire libre, que ofrece una buena visión de la embarcación, y un puesto protegido para las largas horas de guardia.

En las latitudes altas, lo que está en juego va más allá de la comodidad. El frío, la salpicadura del mar y el tiempo de exposición se convierten en factores de fatiga. Una cabina de mando cerrada permite reducir esta exposición. García anuncia, además del doble acristalamiento, un aislamiento térmico y una calefacción alimentada por una caldera central.

El aluminio y los 10 m de anchura cambian el panorama

García sigue apostando por el aluminio, material en torno al cual el astillero ha desarrollado gran parte de su experiencia en veleros de travesía. El proyecto prevé cascos con formas curvadas, en lugar de cascos formados simplemente por superficies desarrollables.

El astillero también cuenta con experiencia en multicascos gracias al Explocat 52. García señala que ya hay 15 ejemplares de este modelo navegando. Sin embargo, el salto a los 72 pies sigue siendo considerable. No se trata simplemente de añadir 20 pies.

Con 10 m de ancho, el nuevo proyecto ofrece una plataforma que permite aumentar los espacios habitables y técnicos, la capacidad de almacenamiento y la separación de los espacios. Este ancho resulta especialmente interesante cuando el barco debe albergar simultáneamente al propietario, la tripulación profesional, las embarcaciones auxiliares y el material necesario para las actividades.

También tendrá consecuencias prácticas. Un catamarán de 10 m de manga ya no atraca en las infraestructuras portuarias como lo haría un velero de crucero convencional. Encontrar un amarre, acceder a determinadas instalaciones de mantenimiento u organizar el invernaje se vuelve más complicado. Para una embarcación cuyo programa se centra en los fondeaderos y los destinos apartados, este compromiso puede aceptarse. No obstante, hay que tenerlo en cuenta a la hora de planificar la travesía.

El aparejo anunciado incluye una vela mayor de 137 m² y un solent de 123 m². La altura libre alcanza los 32 m. Estas cifras permiten hacerse una idea de la envergadura del barco, pero aún no permiten analizar en profundidad su rendimiento a vela. Faltan, sobre todo, el desplazamiento y las curvas polares para poner estas superficies en perspectiva.

La autonomía será el verdadero árbitro

Probablemente sea en este aspecto donde el proyecto aún tenga que aportar sus datos más interesantes. Un barco de apoyo a expediciones solo es realmente autónomo si sus capacidades energéticas, hidráulicas y logísticas están a la altura de su programa.

Sin embargo, según la información disponible, García aún no ha facilitado datos sobre el volumen de los depósitos de agua y combustible del barco de 72 pies, la capacidad de las baterías, la potencia de generación eléctrica, las características de la desalinizadora ni la motorización.

Tampoco se especifican el desplazamiento en vacío y el desplazamiento con carga. Sin embargo, se trata de un dato fundamental en un catamarán destinado a transportar dos embarcaciones auxiliares, sus motores, combustible, material deportivo o científico, piezas de recambio y provisiones para estancias lejos de los puertos.

Por lo tanto, habrá que vigilar de cerca la carga útil. Un multicasco es sensible al aumento de su desplazamiento: acumular equipamiento y provisiones puede afectar a su comportamiento y a su rendimiento. El reto consiste precisamente en conciliar las capacidades de un barco de apoyo con las de un velero que debe seguir recorriendo largas distancias de forma eficaz.

Los apéndices constituyen otra incógnita importante. El calado y la configuración elegida condicionarán, entre otras cosas, el acceso a los fondeaderos, el comportamiento a vela y ciertas posibilidades de encallamiento. Ninguna de las características publicadas hasta ahora permite aún llegar a una conclusión definitiva.

De 62 a 82 pies, una familia que aún se encuentra en fase de proyecto

El modelo de 72 pies no se presenta como una embarcación ya construida y disponible para pruebas. Por el momento, representa una gama de embarcaciones que García desea ofrecer en 62, 72 y 82 pies.

Este matiz es importante. Las características facilitadas permiten analizar la arquitectura general y el programa, pero no evaluar el rendimiento, la autonomía real ni el comportamiento en el mar de la futura embarcación.

No obstante, el proyecto se basa en una evolución clara de los requisitos que debe cumplir un viaje de larga distancia. Ya no se trata únicamente de disponer de un velero capaz de llegar lejos y de proteger a su tripulación. A esta escala, el barco también debe transportar los medios necesarios para aprovechar un destino una vez llegado allí.

Probablemente sea ahí donde el García 72 destaca más claramente. Sus dos embarcaciones auxiliares, sus espacios de almacenamiento, su puente de mando interior y sus diferentes configuraciones están organizados en torno a un programa de expedición, más que a una simple distribución de yate.

Ahora solo queda conocer las cifras que permitirán pasar del diseño conceptual al barco: desplazamiento, carga útil, capacidad de los depósitos, producción de energía, apéndices, motorización, precio y calendario de construcción. En un catamarán de expedición, estos datos serán al menos tan importantes como sus 22,90 m de eslora.

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