Golden Globe Race 2026: navegar a la antigua usanza, pero comunicar a toda costa en las redes sociales

Mara Løvenskiold Kvesethne ha dado un giro inesperado al GGR Window Live
Mara Løvenskiold Kvesethne ha dado un giro inesperado al GGR Window Live

Dar la vuelta al mundo sin GPS, pero sin perder de vista la comunicación y las redes sociales. En la Golden Globe Race 2026, Mara Løvenskiold Kvesethne utilizó una retransmisión en vídeo para dar instrucciones a su equipo en tierra. La organización le recordó las normas. Un episodio que plantea interrogantes sobre el papel de las redes sociales en esta regata a la antigua usanza.

Dar la vuelta al mundo sin GPS, pero sin perder de vista las comunicaciones. En la Golden Globe Race 2026, Mara Løvenskiold Kveseth utilizó una retransmisión en vídeo, que se suponía que iba a ser un momento decisivo de su aventura, para dar instrucciones a su equipo en tierra. La organización le hizo una advertencia.

Una reunión de comunicación en pleno Atlántico

Había que atreverse. Aunque la Golden Globe Race 2026 obliga a sus participantes a navegar sin instrumentos electrónicos modernos, la navegante noruega Helga Marie Løvenskiold Kveseth ha encontrado un uso inesperado para el sistema de vídeo a bordo: transmitir instrucciones a su equipo de comunicación, que se ha quedado en tierra.

Le Saga 36 de Mara
El Saga 36 de Mara

A bordo de Bailarina de cabaret , a bordo de su Saltram Saga 36, esta navegante en solitario participa en una vuelta al mundo sin escalas y sin asistencia, inspirada en la primera Golden Globe Race de 1968. Pero durante una intervención retransmitida el 27 de septiembre, sus preocupaciones tomaron un giro bastante alejado del ajuste de las velas o de la estrategia meteorológica.

La navegante se mostró preocupada por la visibilidad de su campaña en las redes sociales, llegando incluso a plantearse si seguir adelante con su aventura si su equipo no intensificaba sus esfuerzos de comunicación.

Según la información publicada por varios medios especializados, también utilizó el GGR Window Live para dar instrucciones a sus colaboradores. Una actuación que le valió una advertencia sobre el código de conducta de la carrera, confirmada por Don McIntyre el 3 de octubre, sin que se le impusiera ninguna sanción deportiva.

En una regata en la que los participantes deben prescindir del GPS, de los sistemas modernos de navegación meteorológica y de las comunicaciones digitales habituales, resulta bastante cómico ver a una capitana preocuparse por su estrategia en Instagram.

El GGR Window Live, una ventana al mar que no estaba destinada a convertirse en un teléfono

El incidente resulta aún más interesante porque el dispositivo utilizado es una de las novedades de la edición de 2026. Desarrollado en colaboración con la empresa sueca TriPeak, el GGR Window Live permite retransmitir imágenes desde varios veleros que participan en la regata. El público puede observar la vida a bordo, las maniobras, las condiciones del mar y algunos parámetros de navegación.

Para respetar los principios de la prueba, el sistema funciona exclusivamente desde el barco hacia tierra. Los patrones pueden activar su retransmisión, pero no disponen de ninguna pantalla que les permita consultar la información transmitida ni recibir las reacciones de los espectadores.

Une volonté légitime de communiquer, mais sans devoir détourner les outils en place
Un deseo legítimo de comunicarse, pero sin tener que dar un uso distinto al previsto a las herramientas existentes

La idea es bastante ingeniosa: ofrecer a los internautas una experiencia inmersiva en la carrera sin proporcionarles los medios de comunicación modernos que normalmente tienen prohibidos. Pero este diseño tiene una limitación evidente. Una cámara que no recibe nada puede, sin embargo, transmitir muchas cosas. Y, en particular, instrucciones dirigidas a quienes la ven.

Ese es precisamente el problema que plantea la intervención de Mara Løvenskiold Kveseth. Al utilizar una retransmisión pública para dar instrucciones a su equipo, la regatista se sirvió de un canal destinado a narrar su regata, y no a organizar las actividades de su campaña desde alta mar.

Un patrón que cuenta las dificultades que afronta a bordo comparte su experiencia. Quien pide a sus colaboradores que modifiquen su trabajo interviene directamente en la organización en tierra. Aunque esta comunicación no le aporte ninguna ventaja en lo que respecta a la navegación, se sale del marco previsto para el dispositivo.

Se ha pedido a los buques mercantes que faciliten datos sobre su audiencia

El asunto no se limita a esta intervención en vídeo. Según el artículo publicado por Il Giornale della Vela , al parecer, la navegante habría contactado previamente por radio con buques mercantes con los que se cruzó durante su travesía para recabar información sobre su presencia en las redes sociales.

En una regata en la que se navega con sextante, se anota la posición en cartas de papel y hay que arreglárselas con la información meteorológica autorizada, pedir a un buque de carga que compruebe su audiencia digital supone un contraste bastante notable.

La radio sigue siendo, evidentemente, un equipo indispensable para la seguridad y las comunicaciones marítimas. No hay nada que permita afirmar que esta simple petición constituya una infracción. Pero ilustra el lugar que ocupa la comunicación entre las preocupaciones de la navegante.

Mientras algunos competidores intentan ganar unas cuantas millas en las zonas de calma ecuatorial, la cuestión parece ser también si las publicaciones del equipo en tierra llegan a un número suficiente de internautas.

Una causa legítima, pero una comunicación que ocupa mucho espacio

La navegante noruega explica que su participación en la Golden Globe Race debe contribuir, entre otras cosas, a defender los derechos de las mujeres y a aumentar su visibilidad en los deportes de aventura. Este compromiso merece ser distinguido de la polémica. Utilizar una aventura deportiva para sensibilizar al público sobre una causa no tiene nada de excepcional. Las regatas oceánicas acogen desde hace tiempo proyectos asociativos, educativos o medioambientales.

Mara au départ des Sables ©ggr
Mara en la salida de Les Sables ©ggr

El 27 de septiembre, Mara Løvenskiold Kveseth explicó que la inversión personal y financiera dedicada a su proyecto debía servir para dar la visibilidad necesaria a su fundación y a las causas que defiende. A falta de resultados que se consideren satisfactorios, ha planteado la posibilidad de no continuar. No ha anunciado su abandono y sigue participando en la carrera.

Queda esta pregunta: ¿a partir de qué momento la navegación se convierte en un medio al servicio de la comunicación, en lugar de al revés?

Una asociación puede aspirar legítimamente a que se le escuche. Una navegante puede, con igual legitimidad, querer dar sentido a su vuelta al mundo. Pero resulta difícil defender el principio de una aventura en solitario, desprovista de herramientas modernas, al tiempo que se intenta dirigir su campaña digital desde la cabina.

La Golden Globe Race cultiva deliberadamente una especie de anacronismo. Se pueden eliminar las pantallas, prohibir las conexiones digitales y limitar los equipos electrónicos. Pero es mucho más difícil impedir que un navegante piense en las redes sociales. Por otra parte, esta contradicción también afecta a los organizadores. Al desarrollar el GGR Window Live, han buscado claramente aumentar la audiencia de la regata. La presentación oficial de la iniciativa destaca su capacidad para atraer a nuevos espectadores y producir contenidos destinados a las plataformas digitales. Por lo tanto, resultaría un poco simplista reprochar a una competidora que se interese por su visibilidad cuando la propia organización invierte en medios técnicos para potenciar la del evento.

La Golden Globe Race 2026 no necesita prohibir las cámaras para preservar su identidad. Simplemente debe velar por que estas sigan siendo testigos de la navegación, y no herramientas para gestionar las campañas en tierra.

En cuanto a Mara Løvenskiold Kveseth, aún le quedan muchas millas por recorrer para defender su causa y demostrar sus cualidades como navegante. Su equipo de comunicación, por su parte, probablemente podrá arreglárselas sin recibir nuevas instrucciones desde el Atlántico.

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