En 2025, el desguace de embarcaciones de recreo alcanzó un nuevo hito, con 3.079 unidades desmanteladas y recicladas a lo largo del año. Desde 2019, 16.183 embarcaciones han sido procesadas por el sector gestionado por APER, la eco-organización dedicada al final de la vida útil de las embarcaciones de recreo. Pero más allá del volumen, este informe plantea una serie de cuestiones prácticas a propietarios, astilleros y puertos.
Aumento continuo a partir de 2019
Desde su primera aprobación en 2019, el sector del reciclaje de embarcaciones ha experimentado un crecimiento constante. Los volúmenes anuales han pasado de unos pocos cientos de unidades a más de 16.000 embarcaciones desmanteladas y recicladas hasta la fecha, incluidas 3.079 solo en 2025.

Esta dinámica refleja dos realidades. Por un lado, el envejecimiento del parque, sobre todo de las unidades construidas entre 1970 y 1990 en poliéster laminado. Por otro lado, los propietarios son más capaces de identificar soluciones de deconstrucción.
Para los navegantes, las ventajas son evidentes. Depositar su embarcación en un centro autorizado permite sacarla limpiamente del registro, evitar abandonarla en el muelle y limitar los riesgos medioambientales asociados a los naufragios. Por otro lado, la logística sigue siendo un tema delicado para los barcos encallados, hundidos o difíciles de transportar.
Tipos de embarcaciones más afectadas
Un desglose por tipo de embarcación arroja luz sobre el perfil de los barcos al final de su vida útil. En 2025, los veleros monocasco representarán 961 unidades. Los barcos de motor monocasco encabezan la lista con 1.223 unidades. Le siguen las lanchas neumáticas, con 463 unidades.
Las demás categorías siguen siendo más marginales: catamaranes deportivos 147 unidades, semirrígidos 136, embarcaciones auxiliares 57, neumáticas 39, motos acuáticas 21, veleros multicasco 12.
Y el tamaño de las embarcaciones confirma una tendencia bien conocida entre los profesionales. La mayoría de los barcos reciclados tienen menos de 6 metros de eslora. Las unidades de entre 6 y 24 metros constituyen una proporción menor, pero son técnicamente más difíciles de procesar.

Al fin y al cabo, detrás de cada casco de poliéster, el astillero tiene que llevar a cabo una limpieza completa. Se retiran los fluidos, se extraen las baterías, se desmontan los motores, se separan los metales y se gestionan los residuos compuestos. La trituración de los cascos laminados sigue siendo un reto industrial, y la recuperación de materiales sigue siendo sólo parcial. Para los propietarios de yates de crucero o pequeños motores abiertos, el coste del transporte a un centro autorizado sigue siendo un problema importante.
Cobertura territorial desigual
En 2025, la APER había autorizado 37 centros de tratamiento. Dos nuevos socios se han unido a la red, Nicolin en Saint Fons y Verde SXM en Saint Martin.
El mapa de los barcos reciclados muestra marcadas disparidades regionales. La costa atlántica y Bretaña concentran una gran parte de los volúmenes. El Mediterráneo, sobre todo Provenza y Occitania, también arroja cifras elevadas. Las Antillas, Guadalupe, Martinica y San Martín, totalizan 17 unidades transformadas.

Para los puertos deportivos y las autoridades locales, tener un centro cerca reduce los costes de manipulación y transporte. Pero en algunas zonas, sobre todo en ultramar o en los ríos, la distancia hace más difícil ocuparse de las unidades abandonadas.
Y para los profesionales de la náutica, esta red territorial también determina su capacidad para gestionar fincas, embargos y embarcaciones que se pudren en los puertos.
Un sector aún en pañales ante los retos de los compuestos
Desguazar una embarcación de recreo es mucho más que pasarla por una trituradora. La mayoría de las embarcaciones afectadas están hechas de poliéster reforzado con fibra de vidrio. Este material, duradero cuando navega, es complejo de reciclar al final de su vida útil.
Hoy en día, la mayor parte se recicla mediante trituración y uso como combustible sólido recuperado o como relleno en determinadas aplicaciones industriales. La reutilización en circuito cerrado sigue siendo limitada.
Para los astilleros y arquitectos, esta evaluación de 2025 plantea la cuestión más amplia del diseño ecológico. La elección de las resinas, la desmontabilidad de los accesorios, la trazabilidad de los materiales... son parámetros que entrarán en juego en los próximos años.
Y para los navegantes que se preguntan por el final de la vida útil de sus barcos, el mensaje es claro. El sector existe, está creciendo, pero hay que pensar con antelación. Prever el transporte, el estado del barco, los trámites administrativos y el calendario.
El reciclaje de embarcaciones ya no es una cuestión marginal. Ahora forma parte de la gestión cotidiana de una flota de embarcaciones de recreo que envejece. En 2025, 3.079 embarcaciones abandonaron los muelles con destino a la industria del desguace. Y con el paso de los años, esta cifra seguirá aumentando con la misma regularidad que la marea.


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