La botadura de un barco nuevo nunca marca el final de un proyecto. Más bien constituye su verdadero punto de partida. El último vídeo publicado por Gitana Team nos sumerge en el corazón del desarrollo del Gitana 18, cuatro meses después de su botadura. Es una oportunidad para descubrir el trabajo diario de los marineros, ingenieros, arquitectos y socios técnicos que buscan sacar el máximo partido al potencial del nuevo Ultim antes de la Route du Rhum 2026.
Una larga fase de preparación antes de la competición
Las primeras salidas no tienen como objetivo alcanzar inmediatamente la velocidad máxima. Se alternan salidas de un día con travesías en alta mar para evaluar el comportamiento del barco en condiciones variadas. Cada salida aporta nuevos conocimientos sobre los ajustes de los foils, la vela mayor, el aparejo o los sistemas de a bordo.
El equipo recuerda, además, que un Ultim nuevo tarda varios años en alcanzar su pleno potencial. La experiencia adquirida con el Gitana 17 sirve ahora para acortar esta fase de aprendizaje, sin por ello eliminar las etapas imprescindibles.
Los datos complementan ahora las sensaciones de los marineros
Uno de los aspectos más interesantes de este vídeo es el uso de herramientas de medición. El equipo Gitana Team utiliza, entre otras cosas, un sensor LiDAR desarrollado junto con la empresa MDS para reconstruir en tres dimensiones la forma de las velas durante la navegación. A continuación, los datos obtenidos se comparan con los modelos de diseño realizados con North Sails.
Este enfoque permite objetivar unos ajustes que antes se basaban fundamentalmente en la observación de los ajustadores y en las sensaciones de la tripulación. De este modo, las decisiones técnicas ganan en precisión, sin dejar de tener en cuenta la experiencia de los navegantes.
El simulador y las pruebas en el mar se complementan
El desarrollo del barco no se basa únicamente en las pruebas en el mar. El Gitana 18 cuenta con su propio gemelo digital, que se utiliza para simular el comportamiento de los apéndices, las estructuras y los distintos ajustes antes de su validación en el mar.
Pero los ingenieros insisten en un punto: por muy eficaces que sean, los modelos numéricos nunca reproducen a la perfección las condiciones que se dan en alta mar. Por lo tanto, los datos obtenidos en las pruebas sirven para corregir las simulaciones y mejorar progresivamente los modelos que utiliza la oficina de diseño. Este ciclo continuo entre el cálculo y la realidad constituye hoy en día uno de los pilares del desarrollo de los grandes multicascos voladores.
Las primeras dificultades forman parte del proceso de desarrollo
El vídeo no oculta los incidentes que se han producido desde la botadura. En concreto, los equipos técnicos analizan en detalle una avería que ha afectado a un cilindro del foil. Se identifica rápidamente el origen del problema, lo que permite iniciar la fabricación de nuevas piezas con el socio correspondiente y adaptar el programa de pruebas.
Esta transparencia ilustra el funcionamiento de los proyectos actuales de regatas oceánicas. Cada incidente se convierte en una fuente de información destinada a mejorar progresivamente la fiabilidad del barco antes de las grandes citas.
Un equipo multidisciplinar orientado al rendimiento
A lo largo de las imágenes, la preparación del Gitana 18 se presenta como un trabajo colectivo en el que las competencias se entrecruzan constantemente.
Arquitectos, especialistas en materiales compuestos, fabricantes de velas, ingenieros de simulación, expertos en electrónica, proveedores de equipamiento y tripulantes comparan a diario sus análisis con el fin de mejorar el barco.
El vídeo muestra también las colaboraciones establecidas con otros sectores tecnológicos, en particular durante la feria VivaTech, donde Gitana Team acudió para presentar sus herramientas digitales e intercambiar opiniones con pilotos de Rafale de la Armada francesa sobre cuestiones comunes relacionadas con el pilotaje, los sensores y el aprovechamiento de los datos.
Más que un simple diario de a bordo, esta inmersión nos recuerda que el rendimiento de un Ultim no depende únicamente de su diseño ni de la calidad de su tripulación. Es el resultado de un largo trabajo de optimización, en el que cada travesía permite acercar un poco más el barco al nivel de rendimiento esperado para las grandes regatas oceánicas.

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