El Belem entró, este 14 de septiembre de 2026, en un periodo singular de su historia. Durante varios meses, el velero de tres mástiles de 1896 cambiará sus 1 200 m² de superficie vélica por un dique seco y una importante obra estructural en Saint-Nazaire. La Fundación Belem Caisse d'Épargne anuncia unas obras por valor de 5,5 millones de euros y prevé, siempre que las obras se desarrollen según lo previsto, que el barco vuelva a navegar en la primavera de 2027.
Lo que está en juego va mucho más allá de un simple carenado o una puesta a punto exhaustiva para el invierno. Para intervenir en el casco y sus refuerzos internos, primero hay que acceder al acero oculto tras más de un siglo de acondicionamientos, equipamientos y transformaciones. Por lo tanto, se desmontarán los mástiles, se aligerará la carga y se vaciará parcialmente el buque antes de que se pueda determinar con precisión su estado estructural.
Un casco de 130 años que sigue sometido a las exigencias de la navegación
El Belem no es solo un barco histórico conservado en el muelle. Este velero de tres mástiles sigue navegando y, por ello, debe mantener una estructura compatible con las exigencias de su explotación marítima.
Su casco constituye un caso particular. Construido en Nantes en 1896, el buque cuenta con un casco de acero remachado y soldado. Mide 51 metros, con una eslora total de 58 metros. Al igual que en cualquier estructura metálica marina, la corrosión y el envejecimiento provocan una pérdida progresiva de espesor que debe vigilarse.
Según la Fundación Belem, las mediciones realizadas por Bureau Veritas han puesto de manifiesto pérdidas de espesor que alcanzan umbrales críticos en diferentes zonas de la estructura. Este hallazgo es el motivo por el que se ha programado la campaña para el invierno de 2026-2027.
Por otra parte, el problema no es nuevo. Durante el invierno de 2022-2023, el velero de tres mástiles ya había sido sometido a una importante intervención en Saint-Nazaire. Se había retirado una parte del casco situada debajo de la sala de máquinas y se había sustituido por un bloque nuevo de 25 toneladas que medía aproximadamente 7 metros por 5.
Sin embargo, la campaña que comienza en septiembre de 2026 cambia de escala. En lugar de centrarse en una zona concreta, la Fundación anuncia una restauración que abarcará de forma más amplia el casco y su estructura interna.
Desmontar el mástil y aligerar la carga antes de poder trabajar en la estructura
En una embarcación de recreo, para acceder al forro interior a veces es necesario desmontar algunos revestimientos o elementos del mobiliario. A bordo del Belem, la operación adquiere, evidentemente, otra dimensión.
El calendario prevé, en primer lugar, el desmontaje de los mástiles entre el 7 y el 14 de octubre. Se deben desmontar los mástiles y las vergas, una operación completa que, según la Fundación, el barco no habría experimentado desde 1980. Paralelamente, se podrá llevar a cabo una revisión del aparejo.
A continuación, el velero de tres mástiles entrará en dique seco, en la forma 2, en Saint-Nazaire, el 19 de octubre. Entonces comenzará un largo proceso de desmontaje.
Una de las cifras da una idea de la magnitud de la obra: habrá que descargar 225 toneladas de lastre. Este está compuesto por 4.500 lingotes de hierro fundido instalados en los fondos del barco. En este antiguo buque de carga, que ahora se utiliza como buque escuela, este lastre contribuye a la estabilidad necesaria para la navegación a vela.
Los equipos constituyen el otro obstáculo. El sistema de gobierno, los componentes del eje de transmisión, la sala de máquinas, el cuadro eléctrico, los mamparos y diversos elementos del interior deben desmontarse en función de las zonas afectadas.
Este desmontaje no es un objetivo en sí mismo. Debe permitir acceder a ambas caras de los elementos que hay que revisar y reparar. En una estructura metálica antigua, limitarse a observar el exterior del revestimiento no es suficiente para llevar a cabo una intervención de esta envergadura.
Cubierta, casco y travesaños: intervenir más allá de la superficie exterior del barco
La parte más visible será, necesariamente, la chapa del forro. El forro es la envoltura exterior del casco, es decir, su revestimiento estanco. Pero el programa anunciado no se limita a estas chapas.
La Fundación también menciona el casco central y las vigas transversales entre los elementos afectados. El primero es una pieza longitudinal que contribuye a la resistencia de la estructura. Las segundas son elementos transversales instalados en los fondos y que contribuyen, en particular, a unir y reforzar la estructura del buque.
En otras palabras, no se trata simplemente de sustituir unas cuantas placas de acero oxidadas que se ven desde el exterior.
Una vez que se pueda acceder a las zonas, hay que elaborar un mapa del estado de la estructura. Se trata de una etapa fundamental, ya que el alcance definitivo de las sustituciones no puede determinarse con certeza hasta que se hayan localizado y medido los elementos afectados.
Esta incertidumbre forma parte de las obras. En un barco de 130 años, los desmontajes permiten precisamente comparar las estimaciones realizadas antes de las obras con el estado real de las estructuras, a las que hasta entonces resultaba difícil acceder.
El método previsto consiste, a continuación, en trabajar progresivamente, zona por zona, mientras el barco descansa sobre sus soportes en dique seco. Estas piezas de apoyo sostienen el casco y soportan su peso una vez que se ha retirado el agua del molde.
¿Cómo se puede sustituir el acero sin alterar la estructura original?
El asunto presenta una dificultad añadida: el Belem es a la vez un buque en servicio y un monumento histórico.
Una restauración puramente patrimonial podría tener como objetivo conservar la mayor cantidad posible de material antiguo. Por su parte, una reparación orientada exclusivamente a la explotación marítima daría prioridad a la eficacia estructural y a la facilidad de sustitución. En el Belem, ambas exigencias deben convivir.
Por lo tanto, el método anunciado se ha definido junto con el Ministerio de Cultura. Se basa en sustituciones mediante inserciones y soldaduras, con el objetivo de preservar en la medida de lo posible la esencia histórica y, al mismo tiempo, conseguir una estructura que permita al barco seguir navegando.
La cuestión de la soldadura dista mucho de ser anecdótica. No todos los aceros presentes a bordo proceden de la misma época ni presentan necesariamente las mismas características que los productos metalúrgicos actuales. Por ello, el comunicado anuncia la elaboración previa de un protocolo destinado a regular la unión entre materiales antiguos y nuevos.
Los trabajos de chapistería los llevarán a cabo los equipos de Eiffage Énergie Systèmes - Collaborative Industrial Solutions, según la información facilitada por la Fundación, bajo la supervisión de Bureau Veritas. Paralelamente, los expertos encargados del seguimiento del patrimonio deberán intervenir en las decisiones relativas a la conservación del monumento histórico.
Esta doble supervisión resume, en definitiva, toda la dificultad del proyecto: conservar un testimonio de la construcción naval de finales del siglo XIX sin convertir al Belem en una pieza de museo incapaz de navegar.
Las obras no se limitarán al casco
El desmontaje a gran escala del barco permite, lógicamente, acceder a otros equipos. Por ello, la Fundación tiene previsto aprovechar esta parada para revisar el aparejo, realizar trabajos en los circuitos eléctricos y comprobar los ejes.
Esta lógica resulta familiar para cualquier propietario que haya acometido una reforma importante: una vez desmontados los equipos y abiertas las zonas que suelen ser inaccesibles, resulta más lógico realizar ciertas operaciones de forma simultánea, en lugar de tener que volver a desmontar todo unos meses o unos años más tarde.
En el caso del Belem, sin embargo, sus dimensiones no tienen nada que ver con las de un velero de recreo. El velero de tres mástiles cuenta con 22 velas que suman unos 1 200 m² de superficie vélica. Su mástil mayor se eleva 34 metros por encima del nivel del mar y su propulsión auxiliar se basa en dos motores diésel que accionan dos líneas de ejes.
Así, las obras abarcan sucesivamente varios oficios: aparejos, calderería y chapistería naval, mecánica, electricidad, manipulación de cargas pesadas y conservación del patrimonio.
Un calendario de siete meses, con un margen de incertidumbre
El programa comunicado se extiende hasta finales de abril de 2027. Tras el inicio de las operaciones en septiembre y el desmontaje del mástil en octubre, la entrada en dique seco está prevista para el 19 de octubre.
A continuación, los trabajos de desmontaje se llevarán a cabo de forma sucesiva durante el otoño. Las obras previstas en las vigas transversales comenzarán a finales de noviembre y continuarán durante el invierno. Está previsto que el casco vuelva a ponerse a flote el 29 de marzo de 2027, tras lo cual se realizarán las pruebas.
A continuación, el Belem debe regresar al muelle de las Fragatas a principios de abril, antes de su remastado. Las pruebas en el mar están programadas para la segunda quincena del mes, y la salida del buque está prevista actualmente para el 30 de abril de 2027.
No obstante, estas fechas son orientativas. La propia Fundación señala que el calendario podría sufrir modificaciones en función de las limitaciones técnicas, meteorológicas y logísticas.
En una obra en la que el alcance exacto de las reparaciones depende en parte de lo que se descubra tras el desmontaje y la cartografía, esta reserva dista mucho de ser definitiva.
5,5 millones de euros en obras y una campaña de recaudación de donativos
El presupuesto anunciado para el conjunto de las obras asciende a 5,5 millones de euros. La Fundación menciona, entre los contribuyentes que busca o con los que ya ha contado, a su patrocinador, la Caisse d'Épargne, el Ministerio de Cultura, las administraciones locales y la Fundación del Patrimonio. También solicita la colaboración de particulares.
La campaña de recaudación que se presenta actualmente en su página web se ha fijado un objetivo de 500 000 euros para contribuir a la restauración del casco. Por lo tanto, esta cantidad no debe confundirse con el coste total de 5,5 millones de euros anunciado para las obras.
La financiación constituye un aspecto particular del mantenimiento de un barco de este tipo. A diferencia de un barco patrimonial inmovilizado, restaurar el Belem no consiste únicamente en evitar su deterioro. Es necesario conservar una estructura capaz de soportar las fuerzas de la navegación, el aparejo y el mar.
Los dos últimos días abiertos al público antes de los grandes desmontajes
Antes de que las obras impidan el acceso al barco, el público aún podrá subir a bordo con motivo de las Jornadas Europeas del Patrimonio, que se celebrarán los días 19 y 20 de septiembre de 2026 en Saint-Nazaire.
El barco estará amarrado en el muelle de las Fregatas y abierto de 10:00 a 18:00, siendo la última subida a las 17:30. La Fundación confirma estas dos jornadas en su calendario de visitas.
Unas semanas más tarde, su silueta habrá cambiado radicalmente. Las vergas y, posteriormente, los mástiles habrán desaparecido de la cubierta, la lastre se habrá descargado progresivamente y parte de los elementos de acabado habrá desaparecido para permitir que los equipos accedan a la estructura metálica.
Sin embargo, el resultado de las obras se juzgará menos por esta espectacular sencillez que por lo que vendrá después. Tras las mediciones, los cortes y las modificaciones estructurales, habrá que reconstruir, volver a montar, probar y, por fin, volver al mar. Si se cumple el calendario, esta última etapa tendrá lugar en la primavera de 2027. Para el Belem, el reto de esta restauración radica precisamente ahí: conservar lo suficiente de su historia para que pueda seguir navegando.

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