Antes de los satélites, los archivos meteorológicos y las comunicaciones constantes, se navegaba con el tiempo, con pocos medios y mucha atención al barco. A bordo del Pen Duick VI, Jean-Louis Étienne descubrió esta cultura de alta mar junto a Éric Tabarly, en una peregrinación pacífica que duró casi un año.
Un encuentro improbable se convierte en un abordaje
Jean-Louis Étienne no tenía formación de marino cuando conoció a Éric Tabarly en Río de Janeiro, durante el Triángulo Atlántico, a principios de los años setenta. Montañero y médico, no tenía ambiciones particulares. Un año más tarde, una carta manuscrita de Éric Tabarly le invitaba a subir a bordo.
El programa estaba repleto: las Antillas, Panamá, Los Ángeles, Transpac, y luego un largo descenso por el Pacífico hasta Auckland. Étienne se unió al Pen Duick VI en las Antillas, donde descubrió una tripulación ya sólida, que incluía a Titouan Lamazou y Philippe Poupon, y aprendió los entresijos a través de las maniobras más sencillas.
Un recorrido largo y tranquilo, entre el silencio y la precisión
Tras una salida simbólica en la Transpac en 1973, a pesar de haber sido descalificado por su lastre de uranio empobrecido, el Pen Duick VI puso rumbo a las islas Marquesas y luego a la Polinesia. Sin radar, sin meteorología, sólo puntos de sextante tomados por Tabarly y Poupon. La vida se organizaba en torno a las guardias, el trimado sobrio y el mando silencioso. "Eric mandó por silencio recuerda Jean-Louis Étienne. El tiempo estaba ahí, disponible para la observación y el aprendizaje. Ese año en el mar le convertiría en marino y alimentaría sus planes de futuras expediciones a las regiones polares.
Versión larga
Encontrará la versión íntegra de la entrevista, de 47 minutos de duración, aquí :

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