En una temporada de Class40, algunas regatas cuentan más que su resultado final. La Normandie Channel Race 2026 es una de esas regatas que dejan una huella imborrable en un regatista. Para Timothé Pollet, la regata terminó frente a las costas del Cotentin con un espectacular desarbolamiento. Pero detrás de la imagen del mástil roto se esconde otra historia: la de una tripulación que se organizó en pocas horas para evitar que el incidente comprometiera el resto de la temporada.
Un comienzo de carrera en unas condiciones ya exigentes
La Normandy Channel Race 2026 se puso en marcha en medio de unas condiciones meteorológicas adversas. Ante una borrasca que generaba vientos de más de 30 nudos constantes y rachas que superaban localmente los 40 nudos, la dirección de la regata decidió acortar el recorrido.

Una decisión que el patrón del Class40 Zeiss considera plenamente justificada. A bordo, Timothé Pollet navega junto a Alex Demange. Tras pasar por Wolf Rock, la pareja ocupa la sexta posición, a solo unas decenas de metros de los competidores que les preceden.
La primera señal de alarma se produce rápidamente cuando se rompe una pieza de unión del timón. Durante casi media hora, la tripulación tiene que asegurar el barco y, a continuación, realizar la reparación en un mar ya agitado.
Una vez solucionada la avería, el tándem vuelve a la carga. El Class40 recupera su ritmo y encadena surf a más de 23 nudos.
" «La verdad es que nos lo pasábamos genial por esa banda». , resume hoy el patrón de Le Havre.
25 segundos que dan un giro a una carrera
La situación cambia bruscamente durante el descenso hacia Dieppe. Con el spinnaker A4, el barco acelera considerablemente en varias rachas sucesivas. La tercera será la gota que colma el vaso. Los datos registrados a bordo muestran una aceleración hasta los 25 nudos antes de una parada casi instantánea a solo 5 nudos tras entrar en la ola.
El choque es violento.
El barco vira bruscamente bajo la tensión. Las fuerzas se invierten de forma brusca entre las escotas de trasluchada, los lastres y el aparejo. En cuestión de segundos, el mástil cede. Para Timothé Pollet, el impacto psicológico es inmediato.

Dos años antes, ya había sufrido una pérdida de mástil en la regata «The Transat CIC», entre Lorient y Nueva York.
" No estaba dispuesto a volver a pasar por eso tan pronto en mi carrera deportiva », explica.
Por suerte, la tripulación sale ilesa. El mástil permanece sujeto por la vela mayor y no se detecta ninguna vía de agua.
Gestionar la emergencia sin provocar más accidentes
Una vez superada la sorpresa, los procedimientos toman el relevo. La primera llamada va dirigida a Cédric Château y al equipo técnico que se ha quedado en Le Havre. El mensaje es deliberadamente sencillo:
«Se ha desarbolado. No hay heridos. No hay peligro inmediato. Podemos valernos por nosotros mismos».
Esta primera comunicación permite al equipo organizarse de inmediato. Mientras tanto, a bordo hay que tomar otra decisión: tirar el mástil al mar o intentar recuperarlo. La respuesta no se hace esperar.
Por motivos medioambientales, pero también para recuperar el material que aún se puede aprovechar, la tripulación decide subir todo el aparejo a cubierta. La operación dura casi una hora en un mar agitado. Sujetos con sus equipos de seguridad, los dos marineros suben, pieza a pieza, las secciones del mástil roto.
«Lo importante era no provocar un accidente secundario» , recuerda Timothé.
Cuando todo un equipo se pone en marcha

En tierra, la reacción es casi instantánea. Mientras el barco se dirige a Cherburgo a motor, cada miembro del proyecto recibe una misión concreta.
Uno se encarga de los seguros. Otro se pone en contacto con los proveedores. Un tercero organiza la repatriación. Un cuarto ya ha iniciado la búsqueda de un nuevo mástil. Esta organización se basa en un funcionamiento colectivo establecido en el seno de Water Technology Factory, una estructura que agrupa varios proyectos Class40, entre los que se encuentran Zeiss, SeaFrigo Sogestran y Women of Course.
En las horas siguientes, los socios técnicos responden a la llamada. Incidence se encarga del apartado de velas. Karver interviene en los elementos de aparejo. Se recurre a los arquitectos Sam Manuard y Elie Brummer para el análisis estructural. El astillero JPS participa en las peritaciones.
Tras la caída del mástil, una carrera contra el reloj
La llegada a Cherburgo no supone el final del trabajo. Nada más regresar a Le Havre, Timothé encadena una reunión tras otra con las aseguradoras, el perito y los proveedores. El barco se saca rápidamente del agua para comprobar el estado de la estructura. Al final, los daños resultan ser limitados.

Se han destrozado dos candelabros, hay que sustituir varios cables electrónicos y algunas zonas del forro requieren una reparación local. Sin embargo, el casco no ha sufrido daños importantes. Se perfila un objetivo realista: estar presente en la salida de la Normandy Dream Cup. Pero el calendario es apretado.
El nuevo mástil debe llegar el 7 de julio, mientras que la salida está prevista para el 12 de julio. Solo hay cinco días para montar el aparejo, realizar las comprobaciones y volver a zarpar.
Una muestra de solidaridad
Timothé quiere dar las gracias y expresar su reconocimiento a los voluntarios procedentes del Club de Deportes Náuticos y Navegación de recreo de Le Havre, del CVSAE, de Ruan y de otros clubes de Normandía.
Su aseguradora y el perito han validado las decisiones en plazos compatibles con las exigencias deportivas, evitando así trámites burocráticos que no encajan con el calendario de las regatas de alta mar.
El resultado deportivo de esta Normandie Channel Race quedará registrado como un abandono. Sin embargo, para el patrón del Class40 Zeiss, lo importante es otra cosa. Y es que, un mes después de sufrir una desarboladura, la tripulación ya tiene la mirada puesta en volver a la competición.
«Hemos demostrado que, en un mes, todo es posible».

/ 








