Encontrarse con un submarino mientras se navega sigue siendo algo excepcional para un navegante de recreo. Sin embargo, esta situación se produjo en el fiordo de Kiel, en Alemania, cuando una embarcación militar salió a la superficie cerca de una flota de veleros ILCA que participaban en la Semana de Kiel. La imagen es espectacular, pero, sobre todo, plantea una cuestión normativa que todo titular de una licencia náutica o aficionado a la vela debería conocer.
¿Sigue teniendo prioridad el velero?
Muchos navegantes siguen una regla sencilla: un velero que navega únicamente a vela tiene prioridad sobre una embarcación a motor. Esta regla figura efectivamente en el Reglamento Internacional para Prevenir los Abordajes en el Mar (RIPAM). Sin embargo, presenta varias excepciones importantes.
La primera se refiere a los buques que no tienen control sobre sus maniobras. La segunda se refiere a los buques con capacidad de maniobra limitada. En ambas situaciones, el velero pierde su prioridad habitual y debe tomar todas las medidas necesarias para evitar una colisión.
En otras palabras, la vela nunca concede una prioridad absoluta.
Un submarino no es un barco como los demás
Cuando un submarino navega en superficie, está sujeto al RIPAM como cualquier otro buque. Sin embargo, su capacidad de maniobra depende de su misión. Un submarino militar puede verse limitado por su calado, sus procedimientos de seguridad, la presencia de antenas desplegadas o las restricciones relacionadas con una inmersión o un ascenso a la superficie.
Según las circunstancias, puede exhibir las señales reglamentarias que indican que se trata de un buque con capacidad de maniobra limitada. En ese caso, los demás usuarios deben cederle el paso.
Incluso cuando no presenta esas marcas, un submarino de varios miles de toneladas no puede, evidentemente, cambiar de rumbo o detenerse tan rápidamente como una embarcación ligera de menos de 60 kg.
En una regata, las reglas de la regata nunca sustituyen al RIPAM
Los regatistas aplican las Reglas de Regatas a Vela de World Sailing para gestionar las prioridades entre los participantes. Sin embargo, estas reglas solo se aplican entre los barcos que participan en la regata.
Cuando un buque ajeno a la regata entra en la zona, las obligaciones del RIPAM vuelven a prevalecer de inmediato. El comité de regata puede incluso interrumpir o retrasar un procedimiento de salida para dejar pasar al tráfico.
Eso es precisamente lo que explica por qué los competidores de la Semana de Kiel se limitaron a observar el paso del submarino sin intentar mantener su posición.
La mejor prioridad sigue siendo aquella que evita la colisión
El RIPAM se basa en un principio sencillo. Aunque un buque tenga prioridad, su tripulación sigue teniendo la obligación de evitar una colisión. Esta norma fundamental se aplica tanto a un navegante de recreo en un velero como a un piloto de lancha o al comandante de un submarino.
Ante un edificio militar de varias decenas de metros de longitud, lo más adecuado es alejarse lo suficiente, mantenerse alerta y no intentar en ningún caso hacer valer un derecho de paso teórico.
En la práctica, el sentido común coincide aquí con la normativa.
Lo que esta foto recuerda a los aspirantes al permiso de navegación
Este encuentro insólito supone un excelente ejercicio de reflexión para los aspirantes al permiso de navegación.
Recuerda que las normas de prioridad no se reducen a unas pocas frases aprendidas de memoria. Exigen analizar el tipo de embarcación con la que nos encontramos, su capacidad real de maniobra y el contexto de navegación. Un ILCA es extremadamente maniobrable. Un submarino no siempre lo es. En una situación así, la decisión correcta consiste, por tanto, en anticiparse ampliamente a la ruta del buque militar y mantener una distancia de seguridad.

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