Azimut Magellano 27M: un casco diseñado para navegar a una velocidad de entre 12 y 24 nudos

Ni un pesquero lento ni un yate diseñado únicamente para navegar rápido: el Azimut Magellano 27M busca un término medio. Sus 26,2 m esconden un casco semiplanante desarrollado para ampliar el rango de velocidades utilizables. A bordo, el astillero apuesta al mismo tiempo por la apertura de los espacios hacia el mar.

Un casco diseñado para no limitar la velocidad

El nombre indica 27 metros, pero la ficha técnica señala exactamente 26,20. Con 6,85 m de manga, el Azimut Magellano 27M se posiciona en un segmento en el que probablemente el concepto del barco cuente más que unos pocos centímetros de eslora. Este yate a motor no pretende ser un barco de puro desplazamiento, ni tampoco hacer de la velocidad máxima su principal argumento. Apuesta por un amplio abanico de usos.

Este es el principio del casco Dual Mode, desarrollado conjuntamente por P.L. Ausonio Naval Architecture y el departamento de I+D de Azimut. El fabricante lo clasifica ahora como un casco semiplanadora . Combina, en particular, una proa vertical y un doble borde de quilla. La proa recta permite alargar la línea de flotación para una eslora total determinada. En cuanto a los bordes de quilla, contribuyen a controlar los flujos y las salpicaduras cuando aumenta la velocidad. Azimut añade un alerón longitudinal central destinado, según el astillero, a mejorar la estabilidad de navegación.

El interés de este concepto se hace especialmente evidente al analizar las velocidades anunciadas. El Magellano 27M no se limita a las velocidades económicas propias de un yate de desplazamiento. Con la motorización más potente, puede alcanzar, según Azimut, entre 23 y 24 nudos. Su velocidad de crucero anunciada se sitúa entre 16 y 18 nudos. Esta opción ofrece a la tripulación un margen apreciable para organizar su itinerario: reducir la velocidad cuando sea necesario priorizar la autonomía, acelerar para acortar una travesía o adaptar la velocidad a las condiciones meteorológicas. En un yate destinado a los viajes, esta flexibilidad resulta más interesante que la mera velocidad máxima.

Dos motorizaciones para una gama menos monolítica de lo que parece

El comunicado de presentación destaca principalmente dos motores MAN V12 de 1 650 ch. La gama real es algo más amplia. Azimut también ofrece dos motores MAN de 1 400 ch. La diferencia no es insignificante. Con la primera configuración, el fabricante anuncia hasta 21 nudos. Los V12 de 1 650 ch elevan esta cifra a 23-24 nudos. En ambos casos, Azimut sitúa la velocidad de crucero rápida entre 16 y 18 nudos. La embarcación cuenta con una capacidad de 10 500 litros de gasóleo. Azimut anuncia, además, aproximadamente 1.000 millas de autonomía a 12 nudos .

Este dato de construcción permite definir el programa. A 12 nudos, 1.000 millas suponen algo más de 83 horas de navegación teórica, es decir, tres días y medio sin interrupción. Por lo tanto, el Magellano no encaja en la lógica de un auténtico yate de expedición oceánica de muy gran autonomía. Más bien propone alargar las etapas, al tiempo que conserva la posibilidad de navegar a una velocidad sensiblemente mayor cuando el programa lo exige.

Un yate de crucero que cuenta con cinco camarotes para los pasajeros

El programa no se limita a la estructura del casco. A bordo, las cifras indican que se trata de un barco diseñado para alojar a 10 pasajeros en 5 camarotes. Hay dos camarotes adicionales destinados a la tripulación, con capacidad para tres personas según la ficha técnica oficial. Se han previsto seis cuartos de baño para los pasajeros y otros dos para la tripulación. La capacidad de agua dulce alcanza los 2 200 litros.

Sin embargo, es en la cubierta principal donde Azimut busca diferenciar este modelo. AMDL CIRCLE y Michele De Lucchi han diseñado un espacio que el astillero denomina «logia sobre el mar». Detrás de esta expresión arquitectónica se esconde una idea bastante concreta: reducir visualmente la separación entre el salón interior y los espacios exteriores. Las grandes superficies acristaladas amplían las perspectivas, mientras que los elementos verticales de madera filtran la luz y las vistas. La organización no busca tanto yuxtaponer el salón, los pasillos y el exterior como dotar de continuidad a la cubierta principal.

Este enfoque va de la mano de una evolución más generalizada de los grandes yates de recreo: el interior ya no se concibe necesariamente como un refugio aislado del entorno marino. Las vistas, las aberturas y las terrazas se convierten ellas mismas en elementos del diseño interior. En el Magellano, esta orientación resulta aún más coherente, ya que el barco está pensado para un uso prolongado. Cuando se pasan varios días a bordo, la relación entre los espacios protegidos y los exteriores se convierte en una cuestión de uso, no solo de decoración.

La madera predomina en un diseño deliberadamente arquitectónico

La colaboración con Michele De Lucchi y AMDL CIRCLE también aleja el proyecto de los códigos tradicionales de la decoración naval. La madera se convierte en el hilo conductor del diseño interior, con diferentes texturas y dos especies principales: roble claro y nogal.

El carbono sirve, ante todo, para contener la masa

Bajo el revestimiento arquitectónico se esconde otro reto: el peso. Azimut señala que aproximadamente el 30 % de las superficies del Magellano 27M están fabricadas en fibra de carbono. La ventaja es evidente en un yate que debe combinar espacio habitable y velocidad. Reducir la masa en las superestructuras permite, sobre todo, limitar el peso en las partes altas. El fabricante también vincula este uso del carbono con sus objetivos de eficiencia energética.

Azimut anuncia la certificación CE de categoría A. Esta categoría de diseño se refiere a las embarcaciones previstas para hacer frente a condiciones severas de viento y mar dentro de los límites definidos por la normativa aplicable. Evidentemente, no constituye ni una garantía de comodidad ni una invitación a ignorar las condiciones meteorológicas.

Baterías para prescindir temporalmente del generador eléctrico

El segundo aspecto técnico tiene menos que ver con la propulsión que con la vida en el fondeadero. El Magellano 27M puede equiparse opcionalmente con un Modo «Hotel de Emisiones Cero» , alimentado por baterías de litio-hierro-fosfato, o LFP. El principio consiste en suministrar energía a los consumidores de a bordo sin necesidad de mantener un generador en funcionamiento. En un yate de este tamaño, en el que el aire acondicionado, la iluminación, la refrigeración, las bombas y los electrodomésticos suponen una carga importante, el tema no es baladí. La primera ventaja esperada tiene que ver con el ruido. La segunda, con las vibraciones. La tercera ventaja es de carácter local: cuando los grupos electrógenos están apagados, no producen gases de escape mientras el yate está fondeado.

Azimut señala que el sistema permite pasar parte del día, o incluso una noche, sin generador eléctrico. Sin embargo, la autonomía del modo «hotel» depende directamente del uso que se le dé. Una noche con una elevada demanda de aire acondicionado en un clima cálido no tiene nada que ver con unas pocas horas de consumo moderado en condiciones templadas. Se trata, por tanto, de una vía técnica interesante, pero que requiere datos concretos antes de poder sacar conclusiones sobre su rendimiento real.

Un Magellano que hay que juzgar por su consumo y su comportamiento en el mar

El Magellano 27M llega con una ficha técnica lo suficientemente precisa como para comprender su posicionamiento: 26,20 m de eslora, cinco camarotes, 10 500 litros de combustible, dos niveles de motorización y una velocidad anunciada de hasta 23-24 nudos en su configuración más potente. Su interés técnico reside sobre todo en la amplitud de su gama. El casco Dual Mode debe permitir navegar a velocidades muy diferentes sin limitar al propietario a la lentitud de una navegación puramente de desplazamiento ni al consumo inherente a un uso permanente a alta velocidad.

El proyecto arquitectónico deja clara su intención: convertir el viaje en una experiencia de vida a bordo, más que en un simple trayecto entre dos fondeaderos. Queda por ver si la tecnología cumple esa misma promesa una vez soltadas las amarras.

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