El caso de la pardela balear
Cada primavera, las costas europeas ven cómo las aves migratorias hacen escala o hacen las maletas para pasar el verano. El litoral alberga numerosas especies, algunas de ellas amenazadas, como la pardela balear. Esta ave marina debe su nombre al archipiélago español del Mediterráneo, pero regresa cada año al Canal de la Mancha. Las aguas bretonas acogen cada año a casi el 50% de la población.
Por desgracia, es la especie más amenazada de Europa, con sólo 25.000 individuos en todo el mundo. La especie está en peligro crítico.

Lo correcto para proteger a las aves marinas
La pardela balear es especialmente sensible a las actividades marinas. De hecho, tiene la particularidad de no posarse nunca en tierra. Se posa en el mar y forma balsas con sus congéneres para descansar y comer. Cuando llega a la costa francesa al final de su migración, está especialmente cansada y es vulnerable a las molestias. De hecho, los despegues repetidos pueden provocarle agotamiento y, potencialmente, la muerte.
Por estas razones, las autoridades encargadas de su conservación han puesto en marcha un plan nacional para la preservación de la pardela balear, con el fin de sensibilizar a todos los usuarios, desde los pescadores profesionales hasta los navegantes de recreo. Se recuerdan las normas básicas, que también pueden aplicarse a otras especies migratorias y no migratorias. Se invita a las embarcaciones de recreo a reducir su velocidad y a mantener una distancia de al menos 300 metros de las balsas de pardela balear.