Un aire a «Top Gun» en una obra italiana
Es difícil no pensar en Top Gun al descubrir esta primera fotografía del Ferrari Hypersail. Una inmensa estructura negra, unos apéndices que recuerdan a unas alas, una cabina de líneas tensas y, para completar el cuadro, una iluminación industrial casi cinematográfica.

Solo faltan los pilotos con sus trajes de vuelo.
Pero esta curiosa embarcación es, sin duda, un velero. Un monocasco de 100 pies, es decir, unos 30,5 metros, diseñado por el arquitecto naval francés Guillaume Verdier para batir récords oceánicos.

Hasta ahora, el proyecto se había presentado sobre todo a través de imágenes generadas por ordenador y explicaciones técnicas. Esta vez, el barco está ahí, ante nuestros ojos. Fotografiado de frente en su astillero italiano, revela una silueta que poco se parece a la de un velero de regatas tradicional. El casco está terminado, ya lleva aplicada su librea amarilla y negra, y el caballo encabritado aparece en la proa.
Un velero que quiere volar sobre las olas
Detrás de esta espectacular silueta se esconde un objetivo mucho más exigente que un simple ejercicio de estilo: hacer que un gran monocasco navegue en alta mar durante largos periodos de tiempo.

El Ferrari Hypersail debe apoyarse en tres planos portantes, repartidos entre un foil lateral, un ala de raya asociada a la quilla y otro foil instalado en el timón. La idea es elevar el casco para reducir la resistencia hidrodinámica y permitir que el barco alcance velocidades elevadas.

Sobre el papel, el principio recuerda a los monocascos voladores de la Copa América. Pero aquí, el terreno de juego cambia por completo.

Ahí es precisamente donde radica el reto. Hacer despegar una embarcación es una cosa. Mantenerla en vuelo, a gran velocidad y durante varias semanas, es otra muy distinta.
Un piloto automático para controlar el vuelo
Al igual que en un avión moderno, el control de vuelo ocupa un lugar central en el proyecto.

Ferrari prevé un sistema automatizado capaz de ajustar las superficies móviles de los apéndices para mantener la actitud y la estabilidad de la embarcación. Estos ajustes deberán realizarse de forma continua, en función de la velocidad, los movimientos del casco y el estado del mar.

Esta asistencia no sustituye el papel de los marineros. Su objetivo es permitirles manejar una máquina cuyas reacciones pueden ser demasiado rápidas como para depender únicamente de intervenciones manuales.

El reto también es energético. Los equipos de control, los sensores y los sistemas de mando de los apéndices necesitan electricidad, que el barco debe generar a bordo.

Se prevé instalar unos 100 m² de paneles solares, complementados con dispositivos de recuperación de energía. El proyecto tiene como objetivo funcionar sin motores diésel para garantizar su producción eléctrica. No obstante, habrá que esperar a las pruebas para medir el consumo real de los sistemas y comprobar su capacidad para funcionar de forma sostenible en todas las condiciones que se den en alta mar.


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