El Sodebo Ultim 3 ya está en Lorient. La tripulación apenas ha abandonado el barco cuando el trimarán ya está entrando en una nueva fase de su vida, la de análisis y reacondicionamiento. Esta visita in situ nos permite comprender lo que cuarenta días de navegación alrededor del mundo han dejado en un Ultim, y cómo prepara el equipo la próxima etapa del programa.
Un trimarán distintivo pero estructuralmente sólido
A primera vista, el barco está en un estado sorprendentemente bueno. Los cascos, los brazos y la plataforma muestran pocos signos visibles de una navegación larga y sostenida. No hay ninguna estructura aparentemente cansada ni necesidad de grandes reparaciones de emergencia. El único daño inmediatamente identificable es el del timón del flotador de estribor, que está roto pero sigue en su sitio.

Este punto está lejos de ser anecdótico. En un trimarán de este tamaño, un timón dañado puede convertirse rápidamente en crítico para el equilibrio y el control direccional. El hecho de que se mantuviera en su posición hasta la llegada es un testimonio tanto de la robustez del componente como de la cuidadosa gestión del barco al final del recorrido.
François Duget insiste en este aspecto. En su opinión, el Sodebo Ultim 3 puede no ser el barco más rápido sobre el papel, pero está demostrando ser una plataforma especialmente fiable con el paso del tiempo. Una observación que cobra todo su sentido en una vuelta al mundo con tripulación.
La célula de la vida, cuarenta días sin parar
A bordo, el ambiente sigue siendo el de la regata. Los cepillos de dientes de los siete tripulantes están en su sitio. No se ha movido nada, como si la tripulación acabara de abandonar el barco por unas horas. A su manera, el habitáculo refleja la intensidad de la navegación, con volúmenes reducidos, organizados en aras de la eficacia más que de la comodidad.

En un Ultim, cada movimiento está diseñado para limitar la fatiga y hacer más seguras las maniobras. Las áreas de descanso, los puestos de vigilancia y el acceso a los sistemas están interrelacionados. Tras cuarenta días en el mar, el estado general de estas zonas también da una idea de la gestión humana del proyecto, entre ritmo de navegación, reparaciones en el mar y recuperación.
Daños indicativos del programa
Como cualquier vuelta al mundo, la travesía del Sodebo Ultim 3 no ha estado exenta de problemas técnicos. La tripulación ha tenido que hacer frente a problemas con las velas, así como a varios fallos mecánicos. El sistema del molinillo de café, esencial para maniobrar con cargas pesadas, falló. Y lo que es aún más sorprendente, la rueda de timón se rompió tras sólo unos días de regata.

No hay nada excepcional en estos incidentes a este nivel de rendimiento, pero están llenos de lecciones que aprender. Cada rotura alimenta la retroalimentación y guía las decisiones tomadas durante el reacondicionamiento. En un Ultim, existe una delgada línea entre el ahorro de peso, la fiabilidad y la facilidad de reparación en el mar.
Desarme y preparación del terreno
En el muelle, el equipo técnico ya está trabajando duro. Ha comenzado el desmantelamiento del barco, cuya salida del agua está prevista para los próximos días. La vela mayor, una pieza de más de ciento setenta kilos, ya está colocada en el trampolín. Le seguirán los carenados, etapa esencial antes de cualquier inspección en profundidad.

El trimarán estará en el astillero unos tres meses. Este periodo no se limita a una reforma. También forma parte de la evolución del barco, con la instalación de nuevos foils. El objetivo es claro: permitir que el trimarán vuele antes, con vientos más flojos, manteniendo la fiabilidad que le ha dado fama.
Fiabilidad, una elección clara frente a la competencia
François Duget lo deja claro. El Sodebo Ultim 3 es ante todo una máquina diseñada para durar. En una flota de Ultim en la que la búsqueda de la máxima velocidad a veces lleva a los cursores muy lejos, esta elección de diseño tiene todo el sentido en recorridos largos y exigentes.

La visita al barco en Lorient ilustra esta filosofía. Un trimarán que llega victorioso, relativamente fresco en su estructura, a pesar de los peligros encontrados, y que puede pasar rápidamente a un programa de optimización en lugar de reconstrucción. Para los navegantes y observadores de regatas oceánicas, este enfoque plantea una cuestión central, la del equilibrio entre el rendimiento puro y la capacidad de permanecer mucho tiempo en el mar.
El vídeo asociado a esta visita amplía la inmersión. Ofrece una visión concreta de este barco, de la vida a bordo y de las realidades técnicas de una vuelta al mundo con tripulación. Es una forma directa de entender lo que dejan cuarenta días de navegación en un Ultim, mucho más allá de las clasificaciones y los promedios.

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