Cada vez que se produce un siniestro, vuelve a empezar el juicio contra los barcos modernos
Basta con que se caiga el mástil, se dañe un foil, se produzca un percance físico o un patrón se vea obligado a hacer escala para que los observadores se den un festín. En las redes sociales, cada nuevo incidente de la Route du Rhum reaviva el debate sobre los barcos modernos, considerados demasiado sofisticados, demasiado frágiles o demasiado difíciles de manejar.
Y las críticas no siempre se centran en el material. Mención especial para Violette Dorange, que tiene que lidiar con una doble penalización en algunos comentarios: se cuestionan sus cualidades como navegante y se le lanzan comentarios sexistas. Como si una avería bastara para juzgar la competencia de un navegante, y como si el género tuviera algo que ver con una colisión.
Detrás de estas reacciones surge una pregunta: ¿se averiaban menos los barcos, o simplemente tendemos a olvidar los abandonos de ediciones anteriores?
Para responder a esta pregunta, hay que dejar a un lado por un momento los comentarios y fijarse en los resultados.
De 2010 a 2022, tasas de abandono muy variables
Comparar el número bruto de abandonos no tiene mucho sentido cuando la flota pasa de 85 participantes en 2010 a 138 en 2022. El porcentaje de participantes que se ven obligados a abandonar ofrece una primera base de comparación.
| Edición | Salientes | Abandonos registrados | Tasa de abandono |
|---|---|---|---|
| 2010 | 85 | 14 | 16,5 % |
| 2014 | 91 | 26 | 28,6 % |
| 2018 | 123 | 42 | 34,1 % |
| 2022 | 138 | 30 | 21,7 % |
Estas cifras requieren una aclaración: en 2022, 103 patrones quedaron oficialmente clasificados al llegar a meta. Además de los 30 abandonos registrados, cinco participantes figuran entre los no clasificados. La proporción total de embarcaciones no clasificadas alcanza, por tanto, el 25,4 %. En 2018, otros dos participantes terminaron fuera de plazo, lo que elevó esta tasa al 35,8 %.
La tendencia dista mucho de ser lineal. La tasa de abandono aumentó entre 2010 y 2018, para luego descender notablemente en 2022, a pesar de que la flota era más numerosa.
En estas circunstancias, resulta difícil sostener que cada nueva generación de barcos genere más residuos que la anterior.
Que alguien se retire no significa necesariamente que haya habido una rotura
Sin embargo, hay que tener cuidado de no confundir dos indicadores. La tasa de abandono no mide el número de averías.
Un velero puede sufrir un desgarro en una vela, perder el piloto automático o tener un problema con el timón, y luego repararlo y continuar su travesía. Estos incidentes desaparecen de las estadísticas en cuanto el barco llega a Guadalupe.
Por el contrario, un abandono puede deberse a una colisión, un varamiento o un accidente ajeno al funcionamiento normal de la embarcación. Esto no demuestra necesariamente un defecto de diseño.
Para comparar la fiabilidad de los veleros, habría que hacer un inventario de todas las averías, incluidas las reparadas en el mar, y clasificarlas según su naturaleza: aparejo, estructura, apéndices, electrónica o equipamiento de cubierta.
Los resultados deportivos no ofrecen esa visión general.
Los tres primeros días: otra interpretación de las estadísticas
A menudo, la reputación de una regata se forja en las primeras 72 horas. Los barcos salen del Canal de la Mancha, se enfrentan a sus primeras borrascas y, a veces, las noticias de averías se suceden a un ritmo impresionante.
En 2010, los primeros días estuvieron marcados por varios abandonos, entre ellos los de Bertrand Quentin y Christine Monlouis. El 3 de noviembre, Sidney Gavignet perdió su trimarán Oman Air Majan tras una rotura estructural seguida de la caída del mástil. El accidente se produjo poco después de cumplirse las 72 horas.
En 2014, el inicio de la carrera fue especialmente difícil. Un resumen retrospectivo presentado por la dirección de la carrera en 2018 menciona 12 abandonos y 32 incidentes técnicos al cabo de 72 horas.
En 2018, ese mismo informe de la dirección de la regata recoge 5 abandonos registrados oficialmente y 28 incidentes técnicos tras tres días, de un total de 123 participantes. Sin embargo, muchos competidores ya han llegado a algún puerto para reparar sus embarcaciones o esperar una mejor ventana meteorológica. Unas sesenta embarcaciones se encuentran entonces haciendo escala, sin que ello signifique necesariamente que estén fuera de la regata.
En 2022, se registraron 4 abandonos en las primeras 24 horas. Según otro recuento, la cifra ascendió a 8 al cabo de dos días.
A fecha de 3 de noviembre de 2026, tercer día de regata, la Route du Rhum ya cuenta con al menos 4 abandonos de los 115 participantes, lo que supone el 3,5 % de la flota, un balance aún provisional que no tiene en cuenta a los patrones que se han visto obligados a realizar una escala técnica pero que siguen en regata.
En 2014, el mal tiempo se dejó sentir desde los primeros días
La edición de 2014 nos recuerda hasta qué punto las circunstancias pueden influir en el balance.
De los 91 participantes que tomaron la salida, la flota tuvo que hacer frente a unas condiciones meteorológicas adversas nada más salir del Canal de la Mancha. Entre los abandonos destaca el de Thomas Coville, cuyo trimarán colisionó con un buque de carga. Se trata de un accidente grave, pero que no puede interpretarse como prueba de una fragilidad intrínseca de los multicascos.
En total, se han registrado 26 abandonos en esta edición. La cifra es elevada, aunque por sí sola no permite determinar la proporción de fallos técnicos, colisiones y decisiones tomadas ante las condiciones del mar.
La historia de Vincent Lantin ofrece un contraejemplo interesante. A pesar de los problemas informáticos y con el piloto automático, el patrón de la Class40 logró terminar la regata tras varias escalas. Su barco sufrió averías, pero su nombre no figura entre los que abandonaron.
En 2018, más de un tercio de los participantes no quedaron clasificados
La edición de 2018 presenta el balance más negativo de las cuatro regatas analizadas: 42 abandonos de un total de 123 participantes, a los que hay que sumar dos llegadas fuera de plazo. Las dificultades afectan a todas las categorías. Dos de los seis Ultim abandonan, al igual que cinco de los veinte IMOCA y dieciocho de los cincuenta y tres Class40.
Los barcos más antiguos tampoco se libran. En las categorías Rhum, 7 monocascos de un total de 17 y 9 multicascos de un total de 21 se retiran.
Cabe destacar esta observación. Los abandonos no se limitan únicamente a las embarcaciones recientes equipadas con foils o a los proyectos que compiten por el máximo rendimiento. Sería igualmente imprudente concluir que las embarcaciones antiguas son menos fiables. Su estado, su preparación, sus medios técnicos y las condiciones a las que se enfrentan difieren considerablemente.
En 2022, hubo más participantes, pero proporcionalmente menos abandonos
Con 138 participantes, la Route du Rhum 2022 reúne la flota más numerosa de las cuatro ediciones comparadas. Sin embargo, el porcentaje de abandonos registrados se reduce al 21,7 %.
No obstante, la organización ha tomado una decisión que influye en el análisis: la salida, prevista para el 6 de noviembre, se ha aplazado al 9 de noviembre debido a las previsiones meteorológicas. Este retraso no permite cuantificar los daños que se hayan podido evitar. Simplemente nos recuerda que no se pueden comparar dos ediciones como si los patrones se hubieran enfrentado a las mismas condiciones.
La regata no está exenta de accidentes. Antoine Magret se retira tras encallar su Class40 cerca de la isla de Batz. Kojiro Shiraishi también se ve obligado a abandonar tras una colisión en la que se vio implicado su IMOCA.
A pesar de estos incidentes, 103 regatistas han sido clasificados al llegar a meta. El porcentaje de no clasificados es más de 10 puntos inferior al de 2018.
Se trata de una mejora en los resultados deportivos. No necesariamente una mejora de la misma magnitud en la fiabilidad de los barcos.
Entonces, ¿de verdad era mejor antes?
Entre 2010 y 2022, las cifras no muestran ningún aumento constante en el número de abandonos. La edición de 2018 fue especialmente difícil, mientras que la de 2022 presenta un balance proporcionalmente mejor, a pesar de un número récord de participantes.
El análisis de los primeros días matiza aún más esta interpretación. En algunas ediciones se acumulan incidentes desde muy pronto, sin que todos ellos se traduzcan inmediatamente en abandonos. En otras, el balance se agrava más adelante en la travesía. La nostalgia tiende a recordar las llegadas heroicas y a olvidar los abandonos. Las redes sociales, por su parte, dan visibilidad inmediata a cada incidente, a menudo incluso antes de que se conozcan sus causas.
Mientras tanto, un naufragio no basta ni para condenar a toda una generación de veleros, ni para otorgar títulos de competencia marítima desde tierra firme.

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